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miércoles, 10 de junio de 2020

La verdad del coronavirus...



«Soy un bicho contagioso»



















La verdad del coronavirus...

Es el de Eva Arriba Cores un llamamiento a la prudencia, una advertencia a quien no se acaba de tomar en serio la gravedad del coronavirus. Ella y su familia, de origen asturiano, se han visto golpeados por la enfermedad y siguen sufriendo sus consecuencias. Cuando la cosa se empezó a poner fea en Madrid, su madre la llamó para que volviese a casa desde Alemania, donde trabajaba. El primero en caer enfermo fue su padre, que estuvo hospitalizado. Ella, su madre y su hermana también se vieron afectadas por el COVID-19, y aún siguen sufriendo sus terribles consecuencias. Lo cuenta en primera persona y suplica que se la escuche.

Domingo, 7 junio 2020

«Hola, me llamo Eva y soy un bicho contagioso. Esta es la clave, esta es la única manera de parar el coronavirus... No sabéis lo que es realmente, no tenéis ni idea. Muchas imágenes de gente aplaudiendo en los balcones, de sanitarios tratados como héroes y de orgullo de comportamiento social, pero nada de la realidad de la enfermedad.
El 12 de marzo yo estaba en Alemania, trabajando, viviendo sola, haciendo mi vida, feliz. Y de pronto sonó el teléfono. Mi madre. «Eva, tienes que venirte ya. Esto se va a poner feo. No quiero que te quedes allí sola, no sé cuándo van a cerrar las fronteras. Papá ha tenido que cerrar su empresa y yo también. Haz la maleta». Así empezó todo. Fue un shock, pero nunca pensé lo que me esperaba a la vuelta.
Después de la aventura que supuso llegar hasta Suiza desde donde salía mi vuelo, el avión aterrizó en Barajas. En el aeropuerto se respiraba tensión, tristeza y silencio. Mi madre estaba esperando al otro lado de la puerta. «Tu padre ha empezado con fiebre esta mañana».
La llegada a casa fue aún más extraña. Nada de grandes abrazos, recibimientos entusiastas. Tensión, organización. «Papá está aislado en la habitación. No puedes entrar. Salúdale desde la puerta. No puedes ver a tus amigos. No puedes salir de casa. Estamos todos en aislamiento domiciliario». Ayer estaba tomándome una cerveza en una terraza de Alemania y hoy estoy en la boca del lobo.
Días desconcertantes. De termómetros, oxímetro y lejía. Lejía por todas partes. Llamadas de médicos. Incertidumbre. Papá empeora. La fiebre no baja. La hidroxicloroquina no funciona. Papá se va al hospital. Neumonía bilateral. PCR positivo. Tiene COVID. 13 horas tirado en un banco metálico de una sala de urgencias. Solo. Tiritando. 39,8 de fiebre. No hay hueco. No hay camas libres.
Pasan los días. Por fin está en una habitación. Tiene los pulmones mal, pero está con oxígeno. Todo controlado. Nos cuenta un médico que tenemos mucha suerte, porque en su ficha de ingreso pone «candidato a UCI». Esa es la parte más cruel y tremenda. Significa que muchos otros no lo son, Que no van a intentar salvarles, porque no hay capacidad sanitaria para todos. ¿En serio? ¿En 2020, en España, se van a morir personas porque no hay hueco ni medios para atenderles? Y entonces pienso en mi amigo y sus abuelos, muertos hace dos días, y me planteo lo que será vivir en una residencia de ancianos.
No sé que decirle. No sé cómo ayudarle. Papá es candidato a UCI y menos mal, porque cuando creemos que ya está a salvo, de pronto una tarde llega la crisis respiratoria grave. Horas de incertidumbre. No respira. Se ahoga. Médicos y enfermeras hacen lo que pueden. Ángeles de la guarda. Le cambian de habitación. Ahora tiene una máquina que hincha sus pulmones. Le dicen que si no aguanta le tienen que intubar. Que las siguientes 24 horas son cruciales. En casa, el infierno a distancia lo vivimos como podemos. Mi madre pasa horas mirando al móvil, que no suena. Esperando noticias. Llegan resultados de la última analítica. Oigo a mi madre decir algo de principio de fallo multiorgánico. ¿Estás de coña? ¿Se va a morir? Mi padre. ¿El vikingo que puede con todo puede que no resista las próximas horas? ¿No voy a volver a verle? Ni siquiera me he despedido.
Cambian de medicación. Van probando una y otra. Intensivistas, neumólogos, internistas y enfermeras están desconcertados. Se nota. Los días en casa son interminables. Hemos dejado de jugar. Ni siquiera parchís 'online'. Mi hermana no enciende el móvil. No quiere hablar. Con nadie. Yo hago lo que puedo. Cocino. Gestiono la compra que vecinos y amigos nos traen amablemente. Siempre faltan pimientos. Seguimos en aislamiento domiciliario. No podemos pisar la calle. Mi madre pasa horas al teléfono, buscando noticias de la evolución de mi padre. Las noches son más largas aún. Desfilamos en vela por la casa. Nos encontramos en la cocina o en el baño. 4 de la mañana. Nadie puede dormir. Papá, por favor, respira.
Y de pronto empieza a remontar. Milagro. Su antiguo compañero de habitación no lo supera, pero papá sí. Ya está. La analítica empieza a estabilizarse. La saturación de oxígeno con el respirador se mantiene por encima de 90%. Eso es bueno.
Pasan los días y nos dicen que si sigue así, puede volver a casa. Ese día, de pronto, me entero de que el COVID no sólo produce neumonía: empiezan a hablar de una fase trombótica. ¿Qué es eso? ¿Ahora coágulos en el pulmón? ¿Esto no era una gripe que solo afecta a los ancianos?
Papá vuelve a casa. Antes de darle el alta, el médico le dice que no sabe qué secuelas va a sufrir. Que puede que no pueda volver a caminar sin agotarse. Sus pulmones están dañados. Estamos muy nerviosas. Vamos a volver a verle. Los vecinos salen a los balcones para recibirle. Un gran abrazo a distancia. Maravilloso. Y lloramos. De emoción, nervios. Y otra vez aislamiento en la habitación. Otra vez lejía, termómetro, pulso. Está muy débil, pero está en casa. Ya está. Se acabó. Pasan los días. Mentira. No se ha acabado. Los pies de papá se ponen azules. Sigue la maldita fase trombótica. Mi madre le pincha heparina a diario. Satura al 91%
Hoy voy a cocinar sémola con verduras. Yo elijo el menú a diario. Mi madre pasa por la cocina, prueba el plato y me dice que está incomible: demasiado salado. Mi hermana y yo no lo notamos. Acabamos de perder el gusto. Mi madre empieza a encontrarse mal. Mi hermana y yo también. Más termómetro. Más pastillas. Y un día empezamos a encontrarnos mejor y papá sale de la habitación después de un mes encerrado entre 4 paredes. Ya está. Se a acabó el infierno.
Mentira. A los 15 días empiezo a vomitar. Me duele. Me muero. Como si me estuvieran clavando una espada en el estómago. Mamá llama al 112. Noche sin dormir. No soporto el dolor. La cabeza me va a estallar. Acaban de empezar las neuralgias. Al día siguiente mi madre está leyendo un libro para desconectar un rato de todo y de pronto deja de ver por un ojo. El oído empieza a dolerle. Ha perdido la vista y está sorda. ¿Pero esto no era una gripe? ¿No se va a acabar nunca? Otra vez hospital. Mi madre a oscuras. tumbada en una habitación. Con esto tampoco contábamos. ¿El coronavirus tiene un rebrote? ¡Pero si ya estábamos bien! ¡Esto se había acabado!
Me muero de dolor de estómago. Mi cabeza va a estallar, como si un látigo la atravesara desde la nuca hasta el ojo. Más medicinas. Seguimos sin pisar la calle. Hablan de cambio de fase a todas horas. Me da igual. Yo sigo en arresto domiciliario. Soy un bicho contagioso. Me he hecho pruebas y ha dado igm positivo. Eso significa que mi cuerpo está peleando contra el virus. Mi hermana, una noche, empieza a encontrarse mal. Le cuesta respirar. Otra vez hospital. Satura al 93%. Sus linfocitos están bajos, su cuerpo está peleando contra el virus y de momento no está ganando. ¿Pero no se suponía que no afectaba a los niños? Me cuenta un amigo que un hombre de 46 años ha caído desplomado en la calle con sus barras de pan bajo el brazo. Infarto fulminante. COVID positivo. ¿Esto no era una puta gripe?
Más medicinas. Cortisona. Nos hinchamos como globos. Me duele la cabeza. Odio la neuralgia. Odio el coronavirus y odio esta sociedad de mierda que se ha olvidado de lo importante. Nuevos síntomas. Las venas se hinchan. Las manos de mi hermana se vuelven naranjas. Tengo moratones. Tengo hipotermia, 35,2 de fiebre. Náuseas. Me mareo.
Oigo a la gente haciendo deporte en la calle. Veo desde la ventana grupos de adolescentes en bici haciendo el capullo. Sin distancia. Sin mascarillas. Inconscientes. Sois una panda de gilipollas inconscientes. La cabeza me mata. Puto bicho. Y pienso que otras familias van a tener que pasar por este infierno, porque la gente no sabe. No conoce. Y la verdad es la siguiente: este virus es desconocido, desconcertante. Ataca cuando menos te lo esperas y donde menos te lo esperas. Ahora tengo claro que no, no es una gripe. No sólo afecta a los mayores o personas de riesgo.
Me he repetido las pruebas. Ya no soy positivo. Pero tampoco he creado anticuerpos... ¿Después de todo esto no soy inmune? He cumplido 20 años y el único regalo que realmente quería era ser igg+, entrar en el club de los inmunes.
Nos dan el alta domiciliaria. Después de 2 meses y 6 días podemos pisar la calle. No tengo miedo, ya lo he pasado, sé que a día de hoy no contagio y estoy convencida de que si lo vuelvo a pillar no va a ser grave porque mi cuerpo va a saber frenarlo. O eso quiero creer. Y a pesar de todo, cada vez que quede con mis amigos, que por fin ha llegado el momento, cada vez que salga por la puerta, actuaré igual que hace dos semanas, igual que hace un mes, como si siguiese contagiado. Mascarilla en boca todo el día, alcohol en manos y, por desgracia, distancia. No por mí, sino por los demás. Por evitar traer de nuevo el virus a casa y que tú también lo lleves a la tuya.
¿Te imaginas lo que sería no volver a ver a tu padre? Te imaginas que por hacerte un selfie con un colega tu madre sufriera un ictus? ¿Te imaginas cómo te sentirías si alguien cercano enfermara de verdad? Me llamo Eva y seguiré actuando como si fuera un bicho contagioso. Y tú también deberías hacerlo.
Así ha pasado la cuarentena mi familia. Solo me queda agradecer a todos aquellos que han estado ahí, acompañando, arropando, informando, mimando, y cuidando de nosotros.
 En especial, a los médicos y enfermeras que nos han ayudado y ayudan a superar la situación. Gracias de todo corazón…

EVA ARRIBA CORES


NO BAJEMOS LA GUARDIA...
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martes, 9 de junio de 2020

balcones muertos ...malas noticias...



La historia detrás de un balcón con todas sus plantas muertas que ha conmovido a Twitter...

"Cuando me asomo por mi terraza y veo ese balcón, es un golpe de realidad. A veces se me olvida que estamos en una pandemia y que llevamos meses en esta situación", cuenta el autor de la foto, el periodista José Antonio Bautista, que cree que "los balcones muertos son cicatrices visibles de la pandemia"




José Antonio relata la historia de este balcón frente a su casa / CADENA SER

viernes, 22 de mayo de 2020

los de Madrid...

De:

Iris Raboso Guijarro

Los de Madrid...
“Habláis muy mal”, “Los de la capital”, “Son unos chulos”…pero los de Madrid tenemos un algo que no sabemos explicar, porque tenemos la mayor de las suertes por tener todo al lado (o cerca) pero también tenemos la desgracia de que lo malo llega siempre aquí antes y eso nos hace que lo bonito lo veamos menos bonito y que lo malo sea menos malo, por la mala costumbre será, pero es así...


Los de Madrid tenemos el virus,
los de Madrid no valoramos,
los de Madrid no cuidamos,
los de Madrid somos unos irresponsables,
los de Madrid vais a lo vuestro,
los de Madrid no hacen caso…


Y  hoy  que  estamos  vacíos, que vemos llover  desde  la  ventana, que vemos desoladas las calles por las que todos hemos transitado...hoy os recuerdo que Madrid es un poquito de todos.

Fue tuyo cuando te viniste a estudiar,
cuando viniste a una cita médica,
cuando viniste de rebajas,
cuando fuiste a ese musical famoso,
cuando saliste de fiesta con tus amigos,
cuando te perdiste en sus museos,
cuando hiciste una visita a un familiar,
cuando paseaste por esas calles famosas que hoy están desiertas,
cuando viniste cada día a trabajar e incluso viviste aquí,
cuando viste a tu grupo o equipo favorito en un estadio enorme,
cuando te tocó aguantar atascos insufribles,
cuando lo convertiste en tu ciudad, por amor,
cuando viniste para coger un avión,
cuando viniste a ver las luces de navidad,
cuando saliste de tapas,
cuando montaste a primera hora en el metro y no podías ni moverte…
 


Madrid es un poco de todos y así nos gusta que sea,
con gente de todas partes,
con desconocidos que guardan vidas increíbles,
con gente que se cruza cada día por las mismas calles
con sonrisas a personas que no volverás a ver,
con ayuda a alguien que nunca antes habías visto.
 

Y sí, también nos faltan y nos sobran muchas cosas:
nos falta un mar donde bañarnos,
una cala solitaria,
un sitio solitario para ver amanecer o atardecer,
nos sobra contaminación,
nos sobran luces,
nos falta un campo más cerca…
 


Pero nada es perfecto,
solo hay que saber ver y valorar
y, cuando nos falta algo que no tenemos,
pues viajamos para encontrarlo,
para hacer que otro sitio sea también un poquito nuestro,
igual que Madrid lo fue tuyo…
 

Porque perteneces al sitio donde estés,
no importa lo que diga un padrón.



Ánimo Madrid, pronto volveremos a disfrutarte,
los de Madrid y los que no se sientan de Madrid, que aquí…
Todos sois bien recibidos.


 IRG
 . . . . . .



P.D.las fotos son de mi sobrino Sergio Román , que por cierto son a cual mas bonitas... 


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viernes, 29 de marzo de 2019

cartas al blog...





EL ABISMO DE LA PRIMAVERA



     En mi adolescencia los inviernos cadalseños eran duros y heladores. La verde y delicada locomotora de la primavera me sacaba de ese túnel largo y oscuro provocándome un alborozo interior que por entonces no alcanzaba a saborear adecuadamente. Recuerdo en serenas noches primaverales como mi padre me mostraba el claroscuro del cielo y la iluminación de las estrellas, las distinguía al primer golpe de vista por sus formas y su situación allá arriba, jamás por sus nombres, ¡cosas de las gentes del campo! Él me enseñó a mirar todo lo que me rodeaba con un entusiasmo que aún hoy, a veces, recupero emocionado.


 En Cadalso y rodeado de ingenuidad y primavera por todas partes, residía todo lo pequeño y entrañable. Únicamente allí habitaban los pájaros, las plantas, las casas, las personas, los animales e, incluso, las miradas más hermosas. Todo lo que no moraba allí se me antojaba enorme e inaccesible, perteneciente a un mundo distante y desconocido que me producía desazón.

    

 En esta mañana incomparablemente cadalseña, por un resquicio mínimo se cuela un suave y acariciador rayo solar, quiere despertarme con delicadeza yendo a posarse directo en mi pensamiento. Es el heraldo de una existencia nueva que recupera estaciones jóvenes, aquellas de las que percibía sus evoluciones con intensidad en el campo y con satisfacción indescifrable en la mente. Ahora, cuando los años le hacen a uno más reflexivo y observador, reconozco que los cambios estacionales influyen en mí agradablemente. Me hacen disfrutar de aquellos otros momentos bellos que la pujanza juvenil de entonces ocultaba y que revivo envolviéndolos con el grato paladeo de los actuales. Esas duplicadas y encantadoras metamorfosis las siento íntimamente y me traen olores, paisajes, sonidos y experiencias que se renuevan y mezclan con los recuerdos de mis épocas más inolvidables.



     Todo un mundo de sensaciones placenteras se citan conmigo y me convocan a mi cosmos personal. Es una savia nueva que se genera y como tal existencia que comienza sólo trae alegrías que saboreo con renovada fruición. También mi vida comienza otra vez: hago planes, perfilo ilusiones, desempolvo esperanzas y me lanzo al contacto confiado de ese mundo que en muchas ocasiones creo que existe y que en otras me parece que es una configuración mental. Creo que merece la pena intentarlo de nuevo porque lo extraordinario reside precisamente en ese intento. Es un juego de amor y soledad que practico sobre ese puente suspendido que separa los extremos de un abismo; a un lado está la felicidad al otro la melancolía. Es la vida desnuda de cualquiera de nosotros con precipicio y todo...



                                     Miguel MORENO GONZÁLEZ

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jueves, 7 de marzo de 2019

cartas al blog...






LA HISTORIA DE LA FOTO DE "EL NIÑO Y SU PERRO MINGO"

 
  ¡Qué foto tan hermosa con "Mingo"! 

Fue una tarde soleada de un día del Bollo en los Pinos de los Lavaderos, allá donde ahora se encuentra el colegio de Cadalso. El sol avanzaba perezoso hacia la sierra de Lancharrasa. El fotógrafo de Las Rozas de Puerto Real les dijo a los padres que colocaran allí a "Mingo" y al niño... El sol les daba de frente y por eso los dos aparecen con los ojos cerrados. Juntos los dos, inseparables. Muy juntos para siempre. Y es que recuerdo que se querían en silencio una barbaridad. El mocito alarga suavemente la  mano derecha acariciando el cantueso (¡qué cantidad de tomillos y pinos!); su mano izquierda se introduce en el bolsillo de suspantaloncitos, a lo mejor estarían sonando en su mano algunas humildes monedas que le habían dado los mayores, entonces poco le importaba el dinero; el jersey de cuello abierto no tiene botones ni cremallera, sólo dos cordones rematados en dos borlas de lana que cerraban la abertura de la prenda; cubre su cabeza una gorra que tapa sus orejas, antes hacía mucho frío; calza zapatos claros, con hebilla y ojales;su expresión, ya entonces, era melancólica. Al chiquillo le quería mucho su familia y él quería a su perro. El círculo se cerraba con todos dentro.

            El perro con pelaje blanco y obscuro, llama la atención... "Mingo" sabe que está viviendo un momento muy especial y posa feliz, muy tranquilo y satisfecho. Ambas expresiones transmiten placidez, quizá ingenuidad. ¿He dicho ya que se querían mucho los dos? Luego se estuvieron comiendo el bollo sentados sobre una manta que habían extendido sus padres al lado de una antigua cantera. El perro únicamente se movía si el chico le decía: "Come Mingo, come". Y el perro comía resignado los restos del bollo y alguna que otra cosilla que llevaron para acompañar la tarde. Era muy dócil y miraba al crio como con pena y mucho amor, su mirada parecía implorar una caricia. Su padre llevaba un poco de vino en una bota en la que se leía: "Las tres ZZZ. Pamplona. España". El niño y la madre portaban dos cantimploras llenas de agua. Una era para el moquillo. Eran felices los cuatro. Pero no le daban importancia. Era lo más natural del mundo.

            Una tarde "Mingo", ya mayor, bajó andando penosamente desde Las Casetas hasta el huerto de La Peluquera sin despedirse de nadie. Se tumbó junto al brocal del pozo con el que regaba el abuelo el huerto las tardes de verano. Se quedó dormido y no se despertó más. En realidad, se quedó muerto dormido. Un día el infante, extrañado porque las jornadas pasaban y el perro no volvía, les preguntó a sus padres por él. -"Se quedó dormido hace unos días en el huerto"-le contestaron acariciando sus bucles rubios-. -"A los animales no hay que molestarlos cuando duermen, porque duermen tanto que a veces se van al cielo sin enterarse de que e
stán allí."El chiquillo no dijo nada, pero estaba triste por la ausencia del amigo que le acompañaba hasta la escuela y luego volvía solo. Algunas noches de invierno, le oía ladrar desconsolado detrás de la casa echando de menos a su amigo.Yel chicono podía dormirse por la pena. Años después el niño, ya muchacho, se enteró de la penosa realidad.



El muchacho cogió la foto y se la guardó. Desde aquel día siempre la lleva consigo. Son dos amigos que sobreviven al olvido.


                                      Miguel MORENO GONZÁLEZ



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martes, 18 de diciembre de 2018

cartas al blog...






DON QUIJOTE Y LA NAVIDAD



Sancho, amigo, bueno sería que las relaciones entre nosotros mismos y nuestros prójimos fueran amistosas en grado sumo. Algo así como si fuera Navidad de por vida. Y aunque hay cosas que se sienten mejor que se dicen, atrévome a sugerirte por escrito (por aquello de que la pluma es la lengua del alma), algunas premisas para entre todos intentar llevarlo a efecto.

      


“No olvides, apreciado Sancho, que cada uno de nosotros somos hijos de nuestras obras y por ende artífices de nuestra propia ventura, pero para impulsarla es imprescindible la libertad: Por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida.



       Ten en cuenta, ¡Oh Sancho!, que debemos respetarnos. A veces la mucha conversación que tenemos engendra desaires y hace que olvidemos que la abundancia de las cosas buenas que poseemos no se estime y, sin embargo, la carencia, aún de las malas, la estimamos en algo.



       Dígote también, querido Sancho, que hemos de desterrar la envidia de nuestros corazones; cualquier vicio trae un no se qué de deleite consigo, pero éste no trae sino disgustos, rencores y rabias. Antepongamos a ella la bondad que quebrante la mala ventura y haga que no se doble la vara de la justicia por el peso de la arrogancia, sino por el de la misericordia.



       Procuremos, hermano Sancho, hacer el bien sin esperar nada a cambio. Recuerda lo que dijo maese Cervantes: “¡Venturoso aquél a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede obligación de agradecérselo a otro que al mismo cielo!” Seamos pues, dóciles, vistiéndonos siempre de manera que parezcamos lo que queremos ser y no lo que queremos aparentar  mientras, de paso, hacemos gala de la humildad de nuestro linaje.




       Debemos, Sancho bueno, cuidar a las mujeres para que no desdeñen a quien las quiere y aprecien a quien las aborrece. Hemos de quererlas por la fama que tienen de bellas y discretas, si ellas  nos faltaran sería como si nos quitaran las niñas de nuestros ojos. Intuyo que juntándonos a ellas, que son buenas, quizá también lo seamos, no sin esfuerzo, nosotros.



       Observa, leal Sancho, que cuando hay amistad sincera lo demostramos con acciones y movimientos alegres y espontáneos que son fiel heraldo de lo que allá en el interior de nuestras almas pasa. Comprenderás entonces la mucha diferencia que hay entre las obras que se hacen por amor a las que se hacen por agradecimiento y por qué es la lengua la que habla de la abundancia del corazón.




       Quisiera Sancho, compañero, que sepamos disculpar a quien un día aparezca apesadumbrado. Suele acaecer que pensamientos y sucesos tristes pueden hacerle parecer descortés. Ayudémosle a recuperar con su alegría la nuestra, piensa que siempre deja la esperanza una puerta abierta en las desdichas.



       Seamos, dilecto Sancho, mesurados en el beber, en el comer y en el dormir; no olvides que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra, que la salud del cuerpo se fragua en la oficina del estómago y que aquél que no madruga con el sol no goza del día.




       Finalmente, admirado Sancho, sólo me resta desear que nuestra vida esté jalonada por hermosas fantasías y, añado, que el mal físico acabará conmigo pero no con mi agradecimiento y cariño hacia todos vosotros. Que el espíritu de la Navidad esté permanentemente en nuestros corazones haciéndonos unos locos cuerdos y entrañables”

                                                                                                                                  


                                                   Miguel MORENO GONZÁLEZ

sábado, 13 de octubre de 2018

Un poco de Historia...



 
LUIS MARÍA DE BORBÓN Y VALLABRIGA





Luis María con 6 años, pintado por Goya



     Luis María de Borbón y Vallabriga, nació, sin rango especial alguno y apellidado Vallabriga de acuerdo con la Pragmática de su tío el rey Carlos III, el 22 de mayo de 1777 en el palacio de Villena (cuyos planos dibujó en su época Ventura Rodríguez) de Cadalso de los Vidrios, ahora provincia de Madrid y entonces provincia de Toledo, fue bautizado en la iglesia de Nuestra Sra. de la Asunción por el cura-párroco Don Francisco Antonio de Irigoyen. Era nieto de Felipe V e hijo del infante Luis Antonio de Borbón y de Doña María Teresa de Vallabriga. A su padre le correspondía la sucesión al trono tras la muerte de su hermano el rey Carlos III (en su época se impulsó las fábricas de vidrio cadalseñas, de ahí el apellido de Cadalso) pues el hijo de éste, el futuro Carlos IV, había nacido y se había educado fuera de España, con lo que se colocaba en la línea sucesoria detrás de su padre. Carlos III trató de primar a su hijo y a sus descendientes, por lo que promulgó la mencionada Pragmática mediante la cual eliminaba de la sucesión a todo infante que no se casara con persona de sangre real y no admitiendo el matrimonio del infante con ninguna princesa.



     Su padre, el infante Luis Antonio, muy inclinado a la belleza, primordialmente femenina, buen vividor y ya con 50 años y ante la perspectiva de quedarse soltero y sin descendencia, contrajo matrimonio morganático y quedó por tanto fuera de la línea sucesoria, perdiendo sus descendientes el derecho a llevar el apellido Borbón, según contemplaba la citada Pragmática. En 1775 se enamoró perdidamente de la hija de un  capitán de caballería aragonés, una joven de 17 años, muy guapa, María Teresa Vallabriga y Rozas, cuando la vio correr alegremente por el campo persiguiendo a una mariposa. A don Luis Antonio, que había formado colecciones relacionadas con la Historia Natural, esa semejanza de aficiones le impresionó grandemente y realizó el primer y único gesto de rebelión de su vida: se casó con ella en 1776, en Olías del Rey (Toledo), en contra del parecer de toda la parentela, encabezada por el soberano. Renunció al capelo cardenalicio por amor y por un deseo íntimo e inconfesable de huir de honores no conquistados, de fiestas no disfrutadas y de los deberes de la Corte. Después de la boda pasaron a residir al Palacio de Villena de Cadalso de los Vidrios, allí les nació su hijo Luis Maria. Los servidores del palacio trataron de modo altanero a los vecinos del pueblo (un incidente con la mujer de su maestro de caza) y éstos acabaron apedreando el palacio y forzando a la familia a buscar un nuevo emplazamiento (hay que ver como se las gastaban ya entonces nuestros queridos paisanos), optaron entonces por trasladarse en 1779 a Arenas de San Pedro (Ávila). Durante este periodo cultivó sus aficiones de coleccionista de libros y mariposas, sus gustos musicales y sobre todo su entusiasmo por la relojería. Vivieron rodeados de artistas de la talla de Boccherini, Ventura Rodríguez, Goya… Pensando en su esposa no quiso renunciar a la exquisitez de tener a su lado como compositor de cámara y violonchelista a Luigi Boccherini ni al placer de dejar una imagen verídica y viva de sí y su familia. No por vanidad, sino porque percibía que había algo en las almas y en las relaciones de sus familiares, allegados y servidores que era preciso recoger para transmitirlo a la posteridad, no como testimonio de glorias y honores, sino de humanos acuerdos y emotivos desgarramientos. Una alegoría de la vida, en suma, necesitada del espejo sincero de un pincel que no se fijase en las formas, sino en la verdad interior. Su amigo Floridablanca le recomendó en 1783 a un artista para la realización de un proyecto de cuadro de familia. Francisco de Goya intuyó en la mirada de Don Luís la fiebre de un temperamento intenso, cálido, apasionado; tamizado por la dulzura, la emoción, la turbación del amor, la equivalencia de los destinos humanos, la igualdad de los seres ante la muerte, la soledad y el miedo a la finitud de las cosas, rasgos que fueron captados de forma conmovedora en el retrato que dejó el insigne pintor.

      
Juramento de D. Luis Mª de Borbón Vallabriga de las cortes constituyentes en S.Fernando (Cádiz) el 24-09-1810, por José Casado del Alisal



Su padre muere el 7 de Agosto de 1785 y el rey Carlos III encomienda la educación de los hijos de su sobrino al arzobispo de Toledo. Luis María fue trasladado al palacio arzobispal y sus hermanas tomaron los hábitos en el monasterio cisterciense bernardas de Toledo, todo ello con objeto de evitar la descendencia de esta rama de la familia Borbón. Los jóvenes Vallabriga fueron creciendo lejos de su madre, que tardó siete años en volver a verlos. Luis María sintió desde muy joven inclinación por el estado sacerdotal. Fue educado por el culto cardenal Lorenzana y vivió alejado de la corte hasta que el matrimonio de su hermana, María Teresa, con Manuel Godoy vino a lanzar su carrera. Tras tomar las órdenes sacerdotales fue investido, en 1793, arcediano de Talavera, y al año siguiente fue autorizada su sucesión en el condado de Chinchón, titulo que cedió a su hermana María Teresa en 1795. Era un joven culto, educado y de espíritu liberal, pero de acentuado carácter sombrío, débil y melancólico; más parece el prototipo de algunos cadalseños actuales. Será consecuencia del agua, del propio pueblo o de ese aire que nos acerca y nos aleja de forma caprichosa por laderas, trochas, veredas, senderos, atajos y caminos reventados todos ellos de tristezas y ternuras que nos llevan entre recovecos a buscarnos a nosotros mismos.



     En 1797 la reina Maria Luisa de Parma, esposa de Carlos IV, deseosa de mantener al querido Manuel Godoy bajo su órbita y apartarlo de su amante oficial, Pepita Tudó, urdió la boda del favorito con la hermana de Luis María, María Teresa. Tras la boda, celebrada en El Escorial el 11 de septiembre de 1797, una lluvia de cargos y de honores comenzó a caer sobre los hermanos Vallabriga. El 4 de agosto de 1799 fueron elevados a grandes de España de primera clase, en marzo de 1800 Luis María fue nombrado arzobispo de Sevilla, en junio del mismo año les fueron reconocidos el uso del apellido Borbón y de las armas de la casa real, Luis María recibió la orden de Carlos III y su madre y hermanas la de la reina María Luisa y en diciembre Luis recibe la mitra toledana con sus ricas rentas, fue designado también Marqués de San Martín de la Vega y nombrado gran canciller de Castilla y consejero de estado.



     En octubre de 1800, a los 28 años, Luis María recibe de Roma el capelo cardenalicio, con el título de Santa María Della Scala, que ya había llevado su padre. Su ascensión es festejada en Toledo con mucha pompa. Toda la ciudad se engalana y Goya que había pintado por primera vez a Don Luis a la edad de seis años (este cuadro ha sido adquirido por el Gobierno de Aragón y restaurado recientemente en el Museo del Prado), vuelve a pintarlo cuando se pone la púrpura cardenalicia: hace la glorificación de un príncipe de la Iglesia. Copia de este cuadro se halla en la Iglesia de Cadalso de los Vidrios. Así mismo, según investigaciones efectuadas por nuestro paisano, J.L. Acuña, también en Cadahalso se programaron tres días de fiesta en 1801.




Luis Mª. de Borbón, retratado por Goya



El 17 de marzo de 1808 estalla el motín de Aranjuez que conduce al encarcelamiento de Godoy (cuñado de Luis María) y a la abdicación de Carlos IV (su primo y funesto rey). Su hermana María Teresa, ve la oportunidad de abandonar a su esposo Godoy tras muchos años de humillaciones, deja a su hija Carlota (a la que detesta) con los depuestos reyes y se traslada a Toledo junto a su hermano el Cardenal.



     El 2 de mayo de 1808 se inicia el alzamiento popular contra los franceses, el 10 de mayo Fernando VII (nefasto rey como su padre, ¡cuánto atrasaron a España elementos como éstos!) abdica a favor de Napoleón de forma humillante y se vio obligado a reconocer al rey José, hermano de Napoleón. Entre mayo y junio, sin autoridades legítimas, el pueblo asume el ejercicio de su soberanía mediante la creación de las Juntas Provinciales, que se ocuparon de dirigir y organizar la resistencia al invasor. En julio las tropas del general Castaños vencen en Bailén y en agosto recuperan Madrid, los franceses pierden en todos los frentes. El 25 de septiembre de 1808, delegados de las Juntas se reunieron en Aranjuez y decidieron asumir el poder, con el nombre de Junta Central Suprema y presidida por el conde de Floridablanca. En noviembre Napoleón llega al frente de un importante ejército y durante 1809 ocupa toda la península a excepción de Cádiz (protegida por la armada española y británica). Luís Maria y su hermana Maria Teresa huyen de Toledo a Andalucía con la comitiva de la Junta Central y toman parte activa en los acontecimientos liberales.



     A principios de 1810, ante los fracasos militares, la Junta Central convoca elecciones de diputados a unas nuevas cortes y se disuelve dejando un Consejo de Regencia constituido el 29 de enero y presidido por el obispo de Orense. El 24 de septiembre de 1810 se constituyen, en Cádiz, las nuevas cortes, donde tras la misa del Espíritu Santo oficiada por el cardenal Luis María de Borbón, la regencia le cedió, a las Cortes, el destino del país. Allí se dictaron numerosas leyes de corte liberal, Luis María firmó el histórico decreto de abolición del Tribunal de la Inquisición.






     Portada de la Constitución y abajo su promulgación el 19/03/1812, lienzo de Salvador Viniegra. Museo de las Cortes de Cádiz


El 19 de Marzo de 1812 las cortes aprueban la Constitución, en la que debería sustentarse toda la vida del país, empezando por el rey. El 7 de agosto de 1812, el obispo de Orense, presidente del Consejo de Regencia, se niega a acatarla y es expulsado del país. Luis María siendo el único miembro de la familia real en suelo español, fue reconocido regente del reino hasta el regreso de Fernando VII. Durante 1812 y 1813 las tropas francesas pierden prácticamente toda la península y el 11 de diciembre de 1813, Napoleón reconoce la pérdida de España y firma el tratado de Valençay con Fernando VII, reconociéndole como rey de España. El 6 de enero de 1814 se instaura en Madrid un Consejo de Regencia integrado por el cardenal Luis María de Borbón y dos generales. Las cortes, con mayoría conservadora, deciden reunirse en Madrid el 14 de enero de 1814, no aceptando el tratado de Valençay, ni a Fernando como rey hasta que jure la Constitución.



     El 24 de enero de 1814 Goya dirige a los regentes una instancia solicitando ayuda económica para “perpetuar, por medio del pincel, las más notables y heroicas hazañas contra el tirano de Europa”. Luis Maria de Borbón, a la sazón Regente del Reino, se la concede y así comienza la historia de dos de los más notables y famosos lienzos de Goya: el que representa el ataque de los mamelucos en la Puerta del Sol, conocido bajo el titulo de El Dos de Mayo y Los Fusilamientos del Tres de Mayo, con la representación de la matanza de la Moncloa.




Fusilamientos del Tres de Mayo 

Carga de los Mamelucos, por Goya

    

El 22 de marzo de 1814 Fernando VII retorna a España y desafiando las ordenes de la Regencia se trasladó a Valencia donde el 14 de abril recibe el apoyo armado del general Elio y un documento firmado por 70 diputados realistas, inmortalizado como “Manifiesto de los Persas”, recomendando la supresión de la Constitución.

    

“Señor: Era costumbre de los antiguos persas pasar cinco días de anarquía después del fallecimiento de su rey, a fin de que la experiencia de los asesinatos, robos y otras desgracias, les obligase a ser más fieles a su sucesor…”



       También acudió a Valencia el Primer Regente Luis María con instrucciones expresas de no rendir acatamiento al rey hasta que jurase la Constitución. Fernando le recibió en Puzol y, pese a la dilación del cardenal en aceptar la autoridad real, el soberano le exigió con gesto imperioso el besamanos, le obligó a acatarle como rey sin previas condiciones. Sólo con un ritual, sólo con una orden se enterró la labor de seis años.

    

“La mañana del 13 de mayo llega el impresentable Fernando VII a Madrid. Entra por la puerta de Atocha y se detiene en la de Alcalá, de los arcos cubiertos de rosas penden dos grandes cuadros de Goya, encargados por el regente Luis María de Borbón: el 2 de mayo en Madrid y los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío, el 3 de mayo de 1808. Se detiene el monarca a admirar las pinturas por un momento, luego continua el paseo triunfante, en su tétrica carroza negra.”



       El 4 de mayo de 1814 se dio el golpe de estado con que Fernando VII recuperó el poder absoluto. Días después detiene a la Regencia, excepto al cardenal Luis María (presentado como leal al rey, pero obligado a retirarse a Toledo y a renunciar al arzobispado de Sevilla y a sus rentas) y a 24 diputados liberales seguidas de las denuncias y detenciones de liberales y afrancesados, vuelve a instaurarse el Tribunal de la Inquisición y comienza la primera de las dramáticas emigraciones de carácter político que caracterizarán a España desde entonces. Con todo ello, de forma lamentable, se empezaba a perder en España uno de los numerosos trenes de la historia a los que hemos llegado tarde por culpa de unos incapaces de ver la realidad y atisbar el horizonte. Los principales culpables de esta ignominia fueron los reyes Carlos IV y Fernando VII, absolutistas y déspotas iletrados, con sus camarillas de sinvergüenzas y aduladores interesados. Aparentemente nuestro paisano, Luis María, fue una víctima propiciatoria de aquella situación tan penosa.



     Un gobierno tan inadecuado condujo a la proliferación de pronunciamientos y conspiraciones (Espoz y Mina el 25/09/1814, Porlier el 18/05/1815). Finalmente el teniente coronel Rafael Riego hace capitular el 7 de marzo de 1820 a Fernando VII, quien tuvo que jurar la Constitución de 1812. El 9 de marzo se constituye una Junta Provisional Consultiva, presidida por el cardenal Luis María que ya había publicado una pastoral favorable a la Constitución. Luis María fue, durante el trienio liberal, presidente de la Junta Provisional de Gobierno y consejero de estado. Su muerte en Madrid el 18 de marzo de 1823 le ahorró, seguramente, la represión y el castigo del rey tras la restauración del absolutismo. Unos meses después, el 7 de abril de 1823, entran en España los cien mil hijos de San Luis, mandados por el Duque de Angulema y enviados por la Santa Alianza: Francia, Prusia, Austria y Rusia, reponiendo el orden absolutista.



     Luis María de Borbón fue enterrado en la sacristía de la Catedral de Toledo, en un bello sepulcro neoclásico de alabastro, labrado en Roma en 1824 por Valeriano Salvatierra, Escultor de Cámara honorario por entonces.



     Y esta es una breve semblanza de nuestro paisano Luis María de Borbón y Vallabriga, al que se me antoja que quizá no se le ha dado en Cadalso la relevancia que por su trayectoria merece y que la historia de España sí parece reconocer y no olvida su delicada y comprometida labor en pos del incipiente, por entonces, liberalismo español. Unos cadalseños sensibles a su recuerdo crearon una “Asociación Cultural Luis María de Borbón” de efímera existencia. Su labor fue muy notable, altruista y entusiasta pero las circunstancias locales acabaron aburriendo a sus abnegados componentes. Sería interesante que iniciativas como la descrita surgieran de nuevo y tomaran un protagonismo que serviría de adecuado y necesario contrapeso a esa política tantas veces impermeable a la realidad.

                              





Palacio de Villena de Cadalso de los Vidrios (Madrid). Aquí nació Luis María de Borbón






Escudo de Luis María de Borbón y Vallabriga




Recopilado y adaptado por:
                                       Miguel MORENO GONZÁLEZ





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FUENTES: 
Los Borbones (Arlanza Ediciones).

Diversas páginas de Internet.

Libro Cadalso de los Vidrios, de Antonio Box Mª. Cospedal

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