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martes, 25 de octubre de 2016

eso es mi pueblo....




                                           UN PUEBLO…



         Es un pueblo pequeño suspendido en la ladera de la sierra, arraigado a las oquedades de su historia y su pasado, breve en su espacio y en su presente, su futuro está delimitado por el bosque de castaños que lo rodea. Parece un juguete, sus calles y plazoletas dan la sensación de que podrían construirse por uno mismo jugando a juegos infantiles. Los quicios de las puertas de madera son diferentes unos a otros.
Las calles son estrechas, empinadas y limpias; conservan nombres de ciudades (¡qué paradoja!), la de Valladolid es como un suspiro y ya estás en la de Ávila, otras hacen mención a su geografía como la del Altozano, donde niños felices corretean tras un balón fofo, algunas hay con nombres y  apellidos que  supongo  pertenecen a su  gente  ilustre -¿entenderán ellos como gente ilustre la misma que nosotros?-.



         Las personas que andan por la calle son amables y solícitas, hay otras que miran desde su casa descorriendo los visillos de sus ventanas y dejan entrever su aliento pegado al cristal y unas escaleras de madera que suben al piso superior desde el portal. Imagino a sus moradores en invierno, soplando el viento y cayendo agua o nieve, encerrados en sus casas y en su soledad. Esas noches les serán propicias para elucubrar e imaginar sobre otros mundos y lugares que de cuando en vez observan en la televisión, por ella saben que no todo es como allí. 
¿Qué pensarán de la ciudad y sus gentes, sus desquiciamientos y sus competiciones diarias para ser el mejor?


         Recorro el pueblecito: En la calle del Olivar brota una fuente de piedra, de su caño de hierro mana agua continuamente, un letrero dice que es
agua potable y fresca. Sentadas a su regazo están dos mocitas, meditan seguramente en su Príncipe Azul enamorado. Tienen las ilusiones intactas, su futuro les pertenece y le pueblan de sueños maravillosos. El Príncipe, yo lo sé, las besará una atardecida en el castañar y antes habrán dibujado un corazón sobre la corteza de un grueso árbol con una flecha partiéndole en dos que hará saltar tres gotitas de sangre y grabarán amorosamente, al fin, sus iniciales. Es el viejo ritual del amor que alcanza en los pueblos su verdadera dimensión y razón de ser. Siempre es igual de bonito y emocionante. No falla.




         La iglesia es como a Dios, si existiera, le gustaría que fuese: Pequeña, sobria, sin lujos innecesarios y ofensivos. El párroco dejó en la puerta un mensaje anhelante y puede que angustiado: "Espero vuestra compañía durante estas Fiestas". La calle Alta es angosta y empinada, guarda restos de una pared de piedras, guijarros parecidos a los que usábamos en nuestra adolescencia en las canteas de mi pueblo entre los barrios de San Antón (pobre, desarraigado, vitalista, luchador, trabajador); y el de La Plazolilla (menesteroso, anárquico, desvalido, combativo, afanoso). Nuestro gran jefe, "Chaleco", desafiaba al suyo, "Planas", en encarnizado y mortal duelo; todos los guerreros contemplábamos absortos el final del combate entre agudos alaridos y coléricos gritos. Aún restan cicatrices de pedradas, testigos elocuentes de aquellos episodios…


        El camposanto es cuadriculado, se entra por un caminito delimitado por dos muros de piedra. Dentro guarda personajes anónimos que un día soñaron con rendir el mundo a sus pies.

Todo aquello lo vigilan cuatro cipreses que seguramente no creen en Dios y que cuando sopla el cierzo se cimbrean como juncos. La Casa Consistorial es humilde, no sé si eficaz, abre en días alternos y el tejado alberga una antena, cuatro altavoces, que sustituyen al pregonero de antaño, y una veleta casquivana y altanera que juega a indicar la dirección del viento. En la plaza Mayor -un decir- hay construida una marquesina que debe albergar a algún conjunto musical por sus fiestas de verano. De la plaza sale una callecita limpia y estrecha, al final de ella, suspendido de una pared, un cartel inquietante recuerda que allí precisamente acaba el pueblo, como transmitiendo que si se sigue adelante nadie se responsabilizará de tu suerte.



         La calle José ALFONSO RODRIGUEZ cuenta con una carnicería y una pescadería que reciben sus productos semanalmente. La carnicería adorna una de sus paredes con un cartel taurino que anuncia una corrida de toros primaveral en el cercano pueblo de Cadalso de los Vidrios (Madrid).
A derecha mano la pequeña calle dedicada a un famoso general cobija una "Fábrica de Castañas", uno no sabe si este negocio será muy productivo pero al menos tiene a su favor la originalidad, que no es poco para los tiempos que corren. En la calle Málaga está la escuela, situada en lugar bien visible cuelga la foto de los reyes; ellos, seguro, ni siquiera sabrán de la existencia de este lugar. En el encerado quedan fijos los restos de la última clase: operaciones simples, un dibujo primaveral y la frase de siempre, la frase eterna por antonomasia de los párvulos, la que de alguna manera resume y marca nuestra infancia pedagógica: "Mi mamá me mima…"



    Yo nací en un pueblo como éste y todo el amor que supo crear en mí desde niño se me quedó dentro para siempre. Quiero también morir en él, despacito, como queriendo aspirar hasta el último instante su aroma. Luego que me alcen en hombros mis gentes, como a los toreros amargamente triunfadores, que me suban por el mismo camino que yo subí abrazando a mi padre y a mis amigos queridos muertos, creo yo, demasiado pronto. Que me sumerjan templando, como templan los diestros artistas, en la tierra que me vio nacer, si es posible junto a mi padre, mirando hacia el valle y a lo mejor entonces podré decirle cuánto le quiero; en vida no se lo dije nunca, por esas cosas que uno jamás sabe explicarse. Si los que asistieran a mi entierro llorasen que lo hagan en silencio, hacia adentro, bebiéndose las lágrimas. Flores ninguna, si acaso recuerdos de las cosas y personas que siempre me apasionaron. Luego que me dejen tranquilo, que ya estará bien. Agradeceré que me recuerden con el cambio de estaciones pero con alegría, es más bonito y reconfortante. Sólo eso y mi pueblo…

      

Miguel MORENO GONZÁLEZ


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lunes, 29 de febrero de 2016

cartas al blog...



QUINTA AVENIDA 

Es una foto crepuscular, de esas que nunca te dejan indiferente por lo amarillentas que aparecen ante tus ojos, aunque para mí, la verdad, las fotos siempre terminan por ser recuerdos anudados a mi imaginación. Creo que es James Dean paseando solo un atardecer lluvioso por la que supongo es la Quinta Avenida -¿o no?- Yo es que únicamente conozco Nueva York desde el Empire State Building, al que subí una nevada nochebuena que se va haciendo vieja –lo más parecido en Cadalso es la Peña Muñana, con sus vistas apacibles que recomiendo contemplar en primavera-. Será por eso que a veces tengo lapsus visuales (y de los otros), pido disculpas por mi atrevida ignorancia a aquéllos que conocen de verdad estas cosas. James va con una gabardina –como yo iría en Cadalso por la calle San Antón-; las solapas subidas y la moral baja –casi como estoy yo en mis desamparadas noches en “Utopía”-; un cigarrillo en los labios –yo nunca lo llevaría- y su cuerpo ligeramente encorvado –yo, además, iría con las manos agarradas detrás de la espalda-. Tras él, a su derecha, riela, en el asfalto brillante, la marquesina iluminada del cine Astor anunciando Veinte mil leguas de Viaje Submarino -que conste que me lo han traducido-. Dean parece un modelo con un desaliño elegante y con muchísima más clase y estilo -¡dónde va a parar!-, que éstos que están en boga actualmente exhibiendo su patética vulgaridad en la colección de otoño-invierno. ¡Ah, el otoño… con sus amores marchitos! Su enigmática mirada se dirige hacia el Oeste –que según Garci es por donde sale el sol de las Estrellas del Celuloide-, lleva unos ojos que parecen abandonados al amor de una mujer con sabor a Don Pereignon o a la amistad entre un hombre y una mujer que es algo demasiado hermoso o demasiado decente para ser real. 


En cualquier caso existen mujeres que te dejan malherido de por vida y ya no vuelves a reírte del todo… Su cara refleja los recuerdos del “LP” “Puente sobre Aguas Turbulentas” de Simon y Garfunkel; de películas en cinemascope en cines con pantalla grande y a todo color –como en los inviernos las echaban en el Cine Condestable cadalseño-; de calendarios con chicas semidesnudas mezcladas entre colores chillones que devorábamos a hurtadillas y con ansia en la última fila de la clase de religión; de chepudos televisores con pantallas redondeadas donde veíamos en blanco-y-negro “El Prisionero”, “Agente Secreto” y hasta “Crónicas de un Pueblo”; de composiciones de Patxi Andión que nos descubría poemas desolados de Miguel Hernández según pateábamos el camino de la vida y del amor, sin embargo, digo yo, que tampoco nos hubiera venido mal un achuchón de vez en cuando; de revoluciones castristas que nada tenían que ver -¡qué pena!- con las revoluciones sexuales, que eran las buenas, que encarnaban como nadie Marilin Monroe; del Volkswagen Escarabajo de los Yiyos,aparcado detrás de la calle del Calvario, de los SEAT 600 que surcaban la carretera de Rozas de Puerto Real de ida pero nunca los veíamos de vuelta por más que los aguardáramos con nuestras miradas perdidas en la esperanza.

  James Dean aparenta descubrirnos el misterio del instante, no hay un antes ni un después, sólo el momento eterno de la fotografía. La luz suave de la instantánea es como si se la hubiera inventado él mismo para que le acariciara mejor su nostalgia, como si las gotas de lluvia que mojan su cabellera tuvieran el sabor de la melancolía de cada Fin de Año, como si los corazones rotos siguieran latiendo después de muertos, como si en ese punto hubiera descubierto que se había enamorado y le estuviera enriqueciendo interiormente. Puede que ese tiempo especial suyo, que es como una escapada a la emoción, no coincida con ningún otro especial de muchos de quienes observan la foto, serán los problemas del directo que dicen hoy. 

Quizá aquella tarde anduviera solitario y perdido, buscando la memoria de una época que le renacía feliz entre los remolinos que forman sobre la lluvia sus propias pisadas. Y es que hay cosas que sólo quedan bien en el recuerdo y si es mojado… ¡mucho mejor! Ahora que lo pienso fríamente me parece un hombre de los nuestros. Un perdedor incrustado en el mundo triunfador de ellos. Va a resultar que la foto es la realidad poética de un perdedor, que el agua de la calle es la nieve derretida de la última Navidad y que la acera es el Paseo Marítimo sin playa de Cadalso. Son cosas que pasan cuando una ofensiva de lucidez acaba por apenarte el corazón en la ciudad, mientras con la razón vuelas libre a la soledad. 


Como James Dean en la Quinta Avenida y yo en la calle San Antón en Cadalso… Al final la soledad –me temo- es la misma para todos. 

Miguel MORENO GONZÁLEZ

martes, 10 de marzo de 2015

cartas al blog....






                   SUDORES Y SENSACIONES





     Salgo de Cadalso hacia la carretera de San Martín, aún no llevo un kilómetro recorrido y me arrepiento. Pienso que por la de Rozas hay más kilómetros y me decido a cambiar. Paso por la casa de mi infancia -la Caseta de Camineros-, bajo la sombra de una enorme acacia que ya no existe, me sentaba las tardes de verano acompañando a mi abuela y a mi tía, ellas cosían en bastidor y yo leía, de manera incansable, tebeos que me transportaban a ignotos lugares. Sobre esta misma carretera las noches calurosas del estío dibujaba con agua contenida en una cantimplora el nombre de mis ciclistas favoritos: Fuente, Gandarias, Pérez Francés... Todo está muy seco; oigo un ruido entre el pasto, es un lagarto, nunca he podido soportar a los reptiles. Marcho bien, es llano. Pasa un coche y un niño se me queda mirando gozoso por el cristal trasero. Me animo. Comienza una subida, en su inicio me asfixio, sé que éste es uno de los peores momentos, una vez superado me relajaré y tomaré más fondo físico, con este pensamiento lo supero. Se va haciendo suave el repecho y comienza un llano. Llevo 25 kms. y el agua parece caldo de sopa. No importa, siempre me fue bien el calor en bicicleta.



     Empiezo el ascenso desde Sotillo al puerto de Casillas. Es el más duro de la zona, los casi ocho kms. se hacen eternos y agotadores. Me rebasa como un rayo una moto, su conductor hace sonar el pito y su acompañante femenina mira saludándome con la mano. Lo agradezco y me ayuda a superar la primera parte desarbolada de la ascensión, al segundo trecho le acompañan los pinos y sus sombras son para mí lo más importante en este instante, he recorrido 35 kms. y me encuentro fresco. Me molesta un poco el "coulotte", coloco mejor la almohadilla y siento alivio. Me rocío la cabeza con agua para contrarrestar la envidia que me produce la contemplación de una piscina cercana rodeada de verde césped y chicas lozanas. Esta zona es mucho más fresca, hay viejos castaños que amparan mi recorrido fatigoso. Medito en que estoy expulsando toxinas que me eran superfluas, esta tarde me hallaré mental y físicamente a tono, exagerando, si cabe, esta hazaña de sudor y mezcla extraña de sensaciones.



     A los sesenta kilómetros acometo la escalada a La Granjilla, son cinco mil metros entre curvas, barrancos y pinos, menos duros que los anteriores pero a estas alturas cualquier subida es como L'Alpe Duez o parecida. Recuerdo que en invierno lo subí entre una niebla espesa que semejaba muros de algodones; hoy, por contra, hace un día muy caluroso y encuentro en este contraste un milagro que pocas veces agradecemos, ¡cómo no se consigue con ordenador..! Desde la carretera observo una portalera y oigo el balar angustiado de un cordero que llama a su madre. Y yo aquí, ¿puedo llamar a alguien que sepa escuchar mis lamentos? Lo más inmediato es coger agua fresca que brota de la fuente que hay en la carretera de Ávila, me la recomendó un día un paseante solitario por su frescor. Una vez coronada la cima comienza una bajada pronunciada, cambio al plato grande y piñón pequeño y bajo pedaleando, me inclino sobre el manillar y observo el resplandor destellante que produce el sol al chocar contra los radios, atrapo ese instante en un hueco mental, puede servirme en el futuro.



     Cruzo un pueblo que visité esta Semana Santa con mi familia, está muy concurrido. Oigo gritar a un niño: "-¡Mira mamá, Perico!". Admiro a Perico Delgado desde que hace unos años le vi demarrar en Los Alpes y dejó "clavados" a todos sus acompañantes. Las cunetas brillaban con la nieve que a su paso iba derritiendo su aliento y reconozco que me emocioné cuando el locutor gritó:
“-¡Perico se va como una moto señores!”. Yo daba botes nervioso en el sillón chillando: “-¡Vamos Pedro!”. Tenía carisma este hombre aunque era irregular como corresponde a los genios, quizá fuera eso lo que más me atraía de él, no me gustan los que ganan siempre, no me veo reflejado en ellos. "Gracias chaval por generar un recuerdo bonito con tu ingenuidad".


     Empieza a molestarme la pierna derecha, llevo 88 kms., me faltan los seis últimos que me dejarán de nuevo en Cadalso y que se corresponden con la doble subida a "Tórtolas". El desnivel es muy pronunciado y acaba por darte la "puntilla", si fuera más largo sería un puerto-Tour.  


Observo una ardilla subir velozmente hacia la copa de un pino desde donde observa satisfecha el valle. Es curioso, por aquí paso miles de veces en coche y sin embargo ahora es como si fuera la primera, como si pasara dormido todas las demás. Hay una culebra muerta que la sorteo no sin dificultad. Supero a un cadalseño que viaja sobre un borrico, es el padre de un amigo, nos saludamos sonrientes; rememoro que hace unos años eran muchos los que como él frecuentaban estos caminos con tiempo suficiente para observar y pensar; el progreso nos dio velocidad, a cambio nos tomó prestado el tiempo para meditar.



     Estoy en plena ascensión. Me refresco. En este instante pasa por mi mente Félix, un cadalseño que participó en la competición ciclista de las fiestas de hace años, resultó ser el único aficionado ya que el resto de corredores militaban en equipos organizados. Recuerdo que le sacaban varias vueltas de ventaja. Anochecía y aún le restaban dos vueltas, sólo quedaba él en carrera. La gente le esperaba como si fuera el primero. Nadie se movió, ni siquiera cuando descargó una gran tormenta. Yo estaba debajo de un árbol solo y con las manos metidas en los bolsillos.
Fue un clamor al ver aparecer las motos de la Guardia Civil que anunciaban su llegada. Cuando cruzó la meta todo un pueblo le aclamó. Le abrazamos, le tocamos, le izamos en volandas. Llorábamos empapados y en él sus lágrimas se confundían con una mezcla hermosa de agua, sudor, cansancio y felicidad: “-¡Viva Félix! ¡Eres el mejor! ¡Viva la madre que te parió!”. Alguien arrebató un cohete al alguacil y lo lanzó al aire confundiéndose su estruendo con el de los truenos. Aquel atardecer supe lo que tira de uno su tierra y sus gentes. Ganó la carrera un chico rubio, alto, guapo, con los pelos rubios de sus piernas afeitados. Nadie recapacitó en él. Hacia tiempo que la gesta de un perdedor había cautivado nuestro corazón. Digo yo que alguna vez a los perdedores, aunque sólo sea en nuestros corazones, les tocará ganar, ¿no?

    

     Estoy superando el primer tramo, voy tan despacio que parece que subo parado, ¿es posible esto? Me levanto sobre la bicicleta pero las piernas se niegan a sostenerme. Me siento de nuevo y consigo superar el primer escollo difícil. Sudo abundantemente y desfallezco. Echo la última agua que me queda sobre mi cabeza y siento una ligera recuperación. ¡Ánimo!, quedan 800 metros. eternos e inhumanos. Un camión reduce su velocidad porque no puede pasarme en una curva, seguro que su conductor me estará maldiciendo. No importa, sólo quiero coronar el puerto sin rendirme. No quiero coches, ni motos, ni ordenadores, ni siquiera echo de menos el aire acondicionado. Quiero ser yo, felicitarme a mí mismo satisfecho, ofrecerme este triunfo sensacional para rumiarlo antes de dormirme. ¡¡¡Lo he conseguido!!!, ¡¡¡Uff, qué mal rato!!!



     Sin embargo ahora que ruedo suavemente medito en que no es para tanto, que puedo hacerlo más duro y superarlo. Lo que pasa es que no confiaba en mí lo suficiente y eso no puede ser. El próximo día acometeré un recorrido mayor para comprobarlo. Si voy bien pertrechado mentalmente lo conseguiré. La vida es una carrera ciclista en la que lo importante es llegar con dignidad, como Félix.



     Llego a la piscina. Paloma me divisa rápido y viene hacia mí. Está muy guapa y la quiero. Su sonrisa alegre es como si nos reencontráramos después de una larga ausencia. Le cuento todo y me acaricia dulcemente un costado. Mis hijos juegan en el agua ajenos al juego absurdo de su padre. Un amigo de mi hijo Miguel se sorprende al verme de tal guisa y me pregunta si los guantes son auténticos. Con lo que he pasado y este chico sólo se fija en los guantes: ¡Qué niños estos!



     Marcho a casa. Después de una ducha reconfortante estiro las piernas en el sofá. Recuerdo lo conseguido y paseo mentalmente la ruta. Sigo meditando y sonrío al pensar que en el fondo cada momento vivido tiene su encanto. Quizá el secreto estribe en tener un huequecito pequeñín en la mente para usar cuando nos haga falta. Como cuando éramos niños y cualquier cosa nos parecía al alcance de la mano por complicada que fuera. Otra cosa será recuperar la pierna derecha y los roces del sillín...



                                      Miguel MORENO GONZÁLEZ

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viernes, 6 de marzo de 2015

cartas al blog...





A la Cofradía del Cristo de Medinaceli.
 Ante el retorno de su procesión
 a Cadalso de los Vidrios.


Vuestra Procesión me parece que irradia arte, sentimiento, emoción, humildad, arrebato... Abriga un mensaje de solidaridad entre las personas de este mundo sin importarle sus credos, razas, ideas políticas, regionales, deportivas o sus diferencias culturales, sociales o físicas....

 Llama al entendimiento entre todos para hacernos más felices y humanos durante el tiempo que nos toque a cada uno estar por aquí... Además es muy hermoso veros pasar por esas calles de nuestro pueblo tan llenas de fervor, historia y cariño. Es como si buscarais el reencuentro con nuestra época más dichosa: la infancia.

No creo en Dios. Lo intenté pero no lo conseguí y opté por no seguirme engañando. Sin embargo, estas cosas me emocionan porque intuyo que persiguen lo que expreso más arriba. Creo en el amor entre los seres humanos que nos hace más libres y comprensivos. Y vosotros, con vuestra imagen, me parecéis los mensajeros más nobles de ese maravilloso sentimiento.
Hay personas que creen en la otra vida. Yo creo que si somos capaces de ser buenos con nuestro prójimo y con nosotros mismos esa bondad les servirá a quienes nos sucedan porque quedará flotando y la respirarán. 

(Para Carlos y Antonio, que siempre me demuestran su amistad)
                                                                               Miguel Moreno González

miércoles, 18 de febrero de 2015

Domingo Gordo de Carnaval...





cada año vuelve la magia y los secretos de las gentes...
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OTRO RAMITO DE VIOLETAS


    Tuvimos a su padre, José Ramón Sobredo Rioboo, de Embajador de España en Argel. Y coincidencias de la vida, cuando regresamos al Ministerio en Madrid, su hermano, Jorge Sobredo Galanes, fue el jefe de Paloma mientras éste, a la sazón, era Subdirector Gral. de Asia. Jorge y servidor labramos una amistad de exigencia sensata cuando le sobrevino una repentina afición por el toreo.


Fuimos muchas tardes de San Isidro a Las Ventas y la sesión post-corrida solía alargarse hasta bien entrada la madrugada. Charlábamos de lo taurino (menos), de lo divino y de lo humano (más), a la vez que trasegábamos una cotizada agua de fuego que nos aliviaba la espera y nos exaltaba el ánimo.

    Una de aquellas madrugadas fuimos a parar con nuestros cuerpos llenos de euforia hasta Chicote, en Gran Vía. Tomamos algo sólido para reponer fuerzas y nos sorprendió allí mismo ese Canto Hondo de Manuel Machado (el hermano de Antonio, el que quiso ser banderillero y se quedó en gran poeta) que se lamentaba en él: "A todos nos han cantado en una noche de juerga coplas que nos han helado el corazón". 
 Aconteció según recordaba Jorge a su hermana, Evangelina Sobredo, más conocida por su nombre artístico, Cecilia. 

Sus ojos se iluminaron ante mí con la luz cristalina de la melancolía y me contó una bella historia humana con final triste que abrochó de forma desgarradora con esta frase: "Eva, lo que realmente hacia bien, era componer… y querer". Y se calló. Y lo dejamos todo. Y nos fuimos desamparados entre coplas y penas a ningún lugar.

    El otro día hice un escritito sobre la Misa de Ánimas que televisó La 2 desde Cadalso. En él hablaba de ella, de su canción: "Un Ramito de Violetas". Me la recordó la mirada de una componente del Coro.


Pensé que, como el de Cecilia, su mirar era de una dulzura inmortal. Un amigo que lo leyó esa misma tarde en el blog cadalsovive me mandó este mensaje: "Te voy a contar un bonito detalle de la Subasta de Ánimas de nuestro pueblo. Verás, cada año una persona anónima busca un ramo de violetas salvajes por el campo cadalseño, aproximadamente del tamaño de un puño… O sea, 15 o 20 violetas azules, son muy difíciles de conseguir, imagínate… 

Y cada año, desde hace veinte, se lo queda un amigo mío, que es como mi hermano.
 Esta historia, que es como un cuento de niños ingenuos y felices (que no saben que lo son), la conoce el Subastador del Cajón de las Ánimas. Él nos busca el Domingo Gordo de Carnaval por los bares para que subamos el precio y de esta forma el ramito se quede en poder de mi hermano. Ahora tú también conoces este humilde secreto. Y tienes el texto para que le des forma de escritito anónimo. Y es que son tres personajes anónimos -dos de ellos no se conocen entre sí- que juegan de forma cómplice y soñadora desde hace veinte años con otro ramito de violetas (como el de Cecilia). Uno juega a buscarlo amorosamente por el campo de Cadalso, el otro a ofrecerlo emocionado y el último, a diferencia de lo que sucede en la canción, se lo entrega a su mujer que lo espera ilusionada  con las manos llenas de ternura para cuidarlo entre caricias hasta el año siguiente… 


Únicamente relátalo, Miguel, no des nombres para que no se rompa el encanto del secreto. Déjalos que, sin conocerse el buscador y el receptor, sigan como niños jugando felices durante muchos años más con la silenciosa complicidad del subastador.

Así son las gentes de nuestro pueblo, Cadalso…"

   
 Estoy convencido del hecho de que si este mundo ingrato y maravilloso a la vez funciona, es gracias a historias conmovedoras como la referida por mi amigo que me llevaré conmigo para siempre. Gracias. Ya ves que sólo me limité a copiar lo que tú me escribiste. Si lo hubiera tocado habría roto el encanto… 

(Para ellos y mi amigo, que sigan alimentando esta hermosa historia de amor para que nunca acabe)
                     
 Miguel MORENO GONZÁLEZ y su amigo


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 Era feliz en su matrimonio
Aunque su marido era el mismo demonio
Tenía el hombre un poco de mal genio
Y ella se quejaba de que nunca fue tierno
Desde hace ya más de tres años
Recibe cartas de un extraño
Cartas llenas de poesía
Que le han devuelto la alegría

Quien la escribía versos dime quien era
Quien la mandaba flores por primavera
Quien cada nueve de noviembre
Como siempre sin tarjeta
La mandaba un ramito de violetas

A veces sueña y se imagina
Cómo será aquel que tanto la estima
Sería un hombre más fiel de pelo cano
Sonrisa abierta y ternura en las manos
No sabe quien sufre en silencio
Quien puede ser su amor secreto
Y vive así de día en día
Con la ilusión de ser querida

Quien la escribía versos dime era
Quien la mandaba flores por primavera
Quien cada nueve de noviembre
Como siempre sin tarjeta
La mandaba un ramito de violetas

Y cada tarde al volver su esposo
Cansado del trabajo la mira de reojo
No dice nada porque lo sabe todo
Sabe que es feliz, así de cualquier modo
Porque él es quién le escribe versos
Él, su amante, su amor secreto
Y ella que no sabe nada
Mira a su marido y luego calla

Quien la escribía versos dime quien era
Quien la mandaba flores por primavera
Quien cada nueve de noviembre
Como siempre sin tarjeta
La mandaba un ramito de violetas
           
 

Cecilia

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martes, 17 de febrero de 2015

otra vez en la tele....


CADALSO BIEN VALE UNA MISA EN LA 2

Me gustó mucho el reportaje inicial sobre Cadalso que abría la retransmisión de la Misa de Ánimas el domingo 15/02/15. Muy sobrio, muy bien narrado y con buena dicción. Sublime la toma aérea, mi debilidad. No conozco ningún aspecto técnico televisivo pero me pareció que la realización fue sobresaliente.

Las imágenes interiores del templo, de su bóveda y vitrales tomadas todas ellas al ralentí, me descubrieron bellas y nuevas perspectivas de la Iglesia, así como de los asistentes a la ceremonia. Todos muy recogidos, muy pendientes del oficio.


Preciosos los primeros planos de los santos, me cautivó especialmente la del Cristo de Medinaceli, que evoca el momento de su Pasión cuando Pilatos lo presenta al pueblo. Este Cristo se venerará el próximo 6 de marzo, también en nuestro pueblo. Exquisitas las lecturas de los pasajes que jalonaron la misa. Los fieles que las leyeron estuvieron sumamente inspirados.

Los cadalseños que sirven este año a las Ánimas Benditas hicieron gala de gran prestancia, dándole a la ceremonia ese halo especial que sólo las personas y las cosas de Cadalso poseen. Los integrantes del coro brillaron a la altura de ocasión tan singular.
Una de las chicas me recordó a la cantante Cecilia (muerta en accidente de tráfico en Zamora, en 1976, con 27 años, cuando retornaba a Madrid después de ofrecer un concierto en Vigo), creí descubrir en su mirada la ternura que desprendía la de la cantante de un “Ramito de Violetas”.


La intervención de los dulzaineros de Ávila (un recuerdo para nuestros paisanos: Gabriel “El Aldeano” y Ángel Navarro) fue, como muy bien señala el Zorro Corredero en su excelente blog, uno de los momentos más sobrecogedores de la misa, al igual que me parecieron las menciones a los ausentes y a los más necesitados. El párroco me transmitió cercanía y comprensión, alguien con el que puedes dialogar sin que te mande directo al averno por ser ateo. En definitiva, aparte las ideas (incluidas, obviamente, las religiosas) de cada cual, me parece que se difundió un mensaje acertado de Cadalso con una pátina documentada de seriedad y rigor que contrasta con esos programas zafios que exaltan la cutre ordinariez.

Fue en La 2, también, donde el viernes-noche contemplé un documental maravilloso dedicado al insigne músico español, Jordi Savall, que tanto proliferó en las Navidades de hace unos años en las iglesias madrileñas. Bien por La 2, el UHF de nuestra niñez. Y bien por Cadalso, el nuestro, el de siempre, el del Carnaval de las Ánimas Benditas…


                         Miguel MORENO GONZÁLEZ