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jueves, 11 de junio de 2020

un amigo se fue...








"Buenas tardes Miguel.
He estado a ver a Carlos.
Creo que nuestro querido amigo no va a estar mucho tiempo más con nosotros.
Ayer tuvieron que llevarlo a urgencias y aunque ha vuelto a casa ya lo van a tener con "vías puestas" para poder administrarle lo que necesite.
Está en la cama y no sé si habrá sido consciente de mi visita, aunque me apretaba la mano al estrechársela. 
No te digo más...
A todos nos llegará el momento, pero cuando uno piensa en lo que se ha sufrido para conseguir un cierto bienestar, es cruel el que se nos niegue el poder disfrutarlo."                   Le gustaba hacerse fotos cada vez que salíamos en bici. Si hacía aire se quedaba en casa ("¿qué necesidad hay de pasarlo mal...?"). Cuando íbamos por la carretera de La Rinconada o
pasábamos por Cebreros en verano, tenía seleccionadas las fuentes: cogía agua y luego, antes de que nos diéramos cuenta, metía las piernas en el agua y las movía como un niño de 2 metros que montaba sobre una bici roja hecha a medida. Y se carcajeaba con ganas. Y Remi le regañaba cariñoso sonriendo: "¡No hay quien pueda contigo, Grandon!" Y le respondía: "Está muy fresquita, ven y mételas tú también. No seas envidioso." "La bici es para disfrutar, no para sufrir." Y en las cuestas, su inseparable Angelito le esperaba y secreteaban sus cosas. Y ya juntos, en el llano, salía disparado y nos dejaba clavados, miraba para atrás riendo y gritando: "¿Qué os creíais...?" Siempre, por San Isidro, le gustaba que le contara cómo iba la feria en Las Ventas: "Miguelito (siempre Me llamaba así o Migue), cuando reaparezcas acabas con el cuadro..." Y al despedírmos en la rotonda de San Martín, me recordaba: "Si tienes cualquier inconveniente, me llamas que voy rápido con la furgoneta a buscarte... que tu padre fue colega."


Por la carretera del Venero, bajo las sombras de los pinos, me llama, miro, y me hizo una foto de verde, justificándose me dice entre risas y pinos: "Ahora llamo a mi mujer, nos tomamos dos cervecitas y me pego un baño en la piscinita que he hecho en el jardín, porque con este calor... Con la ayuda de Ángel he puesto unas luces interiores, me gusta mirarlas por las noches." En invierno, si nevaba, sabíamos que era el primero en salir con el camión de la Comunidad a limpiar las carreteras y echar sal, a veces no podía ir a dormir a casa y se quedaban vigilantes por el Puerto de la Cruz Verde... Cosas sencillas, normales, de gente trabajadora, de pueblo de toda la vida, hecha a sí misma. Carlos: Soy Migue. Quiero que sepas que los ciclistas y los toreros estamos orgullosos y felices de contarte entre los nuestros. Y que  es verdad, Carlos, que las luces interiores de la piscina te parecían luciérnagas y por eso te gustaba obsérvalas. Son las mismas que siempre nos alumbraran tu recuerdo...





Angelito fue a verle: "Miguel: Creo que nuestro querido amigo, Carlos, no va a estar mucho tiempo con nosotros..." El martes fuimos a verle Remi y yo. "Cogerle la mano, se la apretais y le decis quienes sois. Él os oirá y lo sabréis porque os apretara vuestra mano." Nos recomendó Tere, su mujer. "¡Carlos, Grandon!, soy Remi, estoy con Miguelito!" Y los dos le apretamos su mano derecha inane, como todo su cuerpo. No nos respondió. Su mujer: "Yo le digo que estáis aquí..." y le apretó la mano. Tampoco respondió y cabizbaja se fue a llorar a un rincón. Nosotros le seguíamos apretando la mano... Remi me echó su brazo por el hombro y en silencio lloraba. Yo me emocioné y no dejaba de mirar la  cara de Carlitos. Al salir le dije a Remi: "Enseñame la piscina". Estaba cubierta con una lona. "Esta parte lo hizo con Angelito... Mira, ahora estaba poniendo una alambrada..." Él miraba por las noches las luces del fondo y sonreía   con una pequeña mueca, así  él era feliz..." Se lo escribí el otro día: "Imaginaba que las luces eran miles de luciérnagas que brillaban cuando pasaban a saludarle." Remi me acaba de decir que las luciérnagas  ya cargan con él camino del recuerdo eterno. 
Gracias Carlos, fuiste muy bueno conmigo...
 D.E.P.

Miguel Moreno González

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viernes, 5 de junio de 2020

sembrando patatas...

 Bonita foto Cadalseña para celebrar 
el Día del Medio Ambiente...
Justo Moreno González

Sembrando patatas en el año 72 con mi padre y dos de mis hermanos. Soy el primero por la izquierda..

 Estamos en el huerto de La Peluquera, en el Valle de Tórtolas. Nuestro padre nos llevó a sembrar patatas a mis hermanos Justo, Nati y a servidor. Fueron también nuestro abuelo Miguel y nuestro tío Luciano. Era, posiblemente, el inicio de marzo. Dos serones llenos de patatas que cargaron "Margarita" y "Juanita" desde casa reposan en el suelo. Mi padre partía las patatas con una navaja corva por la mitad y las introducía en unas calderetas de goma dura. Luciano las recogía y las iba poniendo sobre los canteros del huerto, a igual distancia la anterior de la posterior. Mi abuelo, con un azadón más pequeño de lo habitual, iba detrás abriendo las hoyas e introducia los tubérculos en ellas. Mis hermanos y yo estamos sentados sobre el enorme tronco de un árbol que llevaba tiempo allí cortado. Mi padre aparece sentado sobre el terreno. Llevaba un pantalón azul y una camisa caqui, se llevaban mucho entonces, la boina la porta hacia atrás. Seleccionaba con precisión las mejores patatas con su mano izquierda y con la navaja que portaba en la mano derecha las cortaba con sumo cuidado para no partirlas por el lado   bueno. Todo un ritual. Justo y Nati miran hacia el huerto, ambos con camisas azules. Justo con los brazos extendidos hacia abajo. Nati apoya su brazo derecho sobre esa pierna y sobre la mano semi cerrada apoya su cara. La expresión del primero es ausente, la del segundo alberga una mueca indecisa. Servidor apoya ambos brazos sobre las piernas cubiertas con un pantalón vaquero nacional de la marca Lois y llevo una camisa naranja que me gustaba mucho. Mi pelo siempre rizado, la mano izquierda toma los dedos de la derecha y la mirada observa el buen hacer de mi padre. La foto es magnífica, nos la hizo nuestro tío sin darnos cuenta  entre viaje y viaje al huerto. Aquel año llovió mucho y el arroyo Tórtolas bajaba abundante y ruidoso. Salvo mi padre, todos llevamos el botón del cuello de la camisa abrochado. Eran otros tiempos, tiempos humildes y sencillos. Lo eran para la inmensa mayoría de los cadalseños. "Asun, mañana me llevo a los muchachos al huerto para que no te den guerra y puedas hacer la casa e ir a los recados sin prisa..." Se lo dijo mi padre a mi madre después de cenar. Un ratito antes de irnos todos a la cama. Nosotros todavia no teníamos televisión. Luego nos hicimos mayores y mi padre murió solo unos años después... 

Miguel Moreno González      
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viernes, 29 de marzo de 2019

cartas al blog...





EL ABISMO DE LA PRIMAVERA



     En mi adolescencia los inviernos cadalseños eran duros y heladores. La verde y delicada locomotora de la primavera me sacaba de ese túnel largo y oscuro provocándome un alborozo interior que por entonces no alcanzaba a saborear adecuadamente. Recuerdo en serenas noches primaverales como mi padre me mostraba el claroscuro del cielo y la iluminación de las estrellas, las distinguía al primer golpe de vista por sus formas y su situación allá arriba, jamás por sus nombres, ¡cosas de las gentes del campo! Él me enseñó a mirar todo lo que me rodeaba con un entusiasmo que aún hoy, a veces, recupero emocionado.


 En Cadalso y rodeado de ingenuidad y primavera por todas partes, residía todo lo pequeño y entrañable. Únicamente allí habitaban los pájaros, las plantas, las casas, las personas, los animales e, incluso, las miradas más hermosas. Todo lo que no moraba allí se me antojaba enorme e inaccesible, perteneciente a un mundo distante y desconocido que me producía desazón.

    

 En esta mañana incomparablemente cadalseña, por un resquicio mínimo se cuela un suave y acariciador rayo solar, quiere despertarme con delicadeza yendo a posarse directo en mi pensamiento. Es el heraldo de una existencia nueva que recupera estaciones jóvenes, aquellas de las que percibía sus evoluciones con intensidad en el campo y con satisfacción indescifrable en la mente. Ahora, cuando los años le hacen a uno más reflexivo y observador, reconozco que los cambios estacionales influyen en mí agradablemente. Me hacen disfrutar de aquellos otros momentos bellos que la pujanza juvenil de entonces ocultaba y que revivo envolviéndolos con el grato paladeo de los actuales. Esas duplicadas y encantadoras metamorfosis las siento íntimamente y me traen olores, paisajes, sonidos y experiencias que se renuevan y mezclan con los recuerdos de mis épocas más inolvidables.



     Todo un mundo de sensaciones placenteras se citan conmigo y me convocan a mi cosmos personal. Es una savia nueva que se genera y como tal existencia que comienza sólo trae alegrías que saboreo con renovada fruición. También mi vida comienza otra vez: hago planes, perfilo ilusiones, desempolvo esperanzas y me lanzo al contacto confiado de ese mundo que en muchas ocasiones creo que existe y que en otras me parece que es una configuración mental. Creo que merece la pena intentarlo de nuevo porque lo extraordinario reside precisamente en ese intento. Es un juego de amor y soledad que practico sobre ese puente suspendido que separa los extremos de un abismo; a un lado está la felicidad al otro la melancolía. Es la vida desnuda de cualquiera de nosotros con precipicio y todo...



                                     Miguel MORENO GONZÁLEZ

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jueves, 7 de marzo de 2019

cartas al blog...






LA HISTORIA DE LA FOTO DE "EL NIÑO Y SU PERRO MINGO"

 
  ¡Qué foto tan hermosa con "Mingo"! 

Fue una tarde soleada de un día del Bollo en los Pinos de los Lavaderos, allá donde ahora se encuentra el colegio de Cadalso. El sol avanzaba perezoso hacia la sierra de Lancharrasa. El fotógrafo de Las Rozas de Puerto Real les dijo a los padres que colocaran allí a "Mingo" y al niño... El sol les daba de frente y por eso los dos aparecen con los ojos cerrados. Juntos los dos, inseparables. Muy juntos para siempre. Y es que recuerdo que se querían en silencio una barbaridad. El mocito alarga suavemente la  mano derecha acariciando el cantueso (¡qué cantidad de tomillos y pinos!); su mano izquierda se introduce en el bolsillo de suspantaloncitos, a lo mejor estarían sonando en su mano algunas humildes monedas que le habían dado los mayores, entonces poco le importaba el dinero; el jersey de cuello abierto no tiene botones ni cremallera, sólo dos cordones rematados en dos borlas de lana que cerraban la abertura de la prenda; cubre su cabeza una gorra que tapa sus orejas, antes hacía mucho frío; calza zapatos claros, con hebilla y ojales;su expresión, ya entonces, era melancólica. Al chiquillo le quería mucho su familia y él quería a su perro. El círculo se cerraba con todos dentro.

            El perro con pelaje blanco y obscuro, llama la atención... "Mingo" sabe que está viviendo un momento muy especial y posa feliz, muy tranquilo y satisfecho. Ambas expresiones transmiten placidez, quizá ingenuidad. ¿He dicho ya que se querían mucho los dos? Luego se estuvieron comiendo el bollo sentados sobre una manta que habían extendido sus padres al lado de una antigua cantera. El perro únicamente se movía si el chico le decía: "Come Mingo, come". Y el perro comía resignado los restos del bollo y alguna que otra cosilla que llevaron para acompañar la tarde. Era muy dócil y miraba al crio como con pena y mucho amor, su mirada parecía implorar una caricia. Su padre llevaba un poco de vino en una bota en la que se leía: "Las tres ZZZ. Pamplona. España". El niño y la madre portaban dos cantimploras llenas de agua. Una era para el moquillo. Eran felices los cuatro. Pero no le daban importancia. Era lo más natural del mundo.

            Una tarde "Mingo", ya mayor, bajó andando penosamente desde Las Casetas hasta el huerto de La Peluquera sin despedirse de nadie. Se tumbó junto al brocal del pozo con el que regaba el abuelo el huerto las tardes de verano. Se quedó dormido y no se despertó más. En realidad, se quedó muerto dormido. Un día el infante, extrañado porque las jornadas pasaban y el perro no volvía, les preguntó a sus padres por él. -"Se quedó dormido hace unos días en el huerto"-le contestaron acariciando sus bucles rubios-. -"A los animales no hay que molestarlos cuando duermen, porque duermen tanto que a veces se van al cielo sin enterarse de que e
stán allí."El chiquillo no dijo nada, pero estaba triste por la ausencia del amigo que le acompañaba hasta la escuela y luego volvía solo. Algunas noches de invierno, le oía ladrar desconsolado detrás de la casa echando de menos a su amigo.Yel chicono podía dormirse por la pena. Años después el niño, ya muchacho, se enteró de la penosa realidad.



El muchacho cogió la foto y se la guardó. Desde aquel día siempre la lleva consigo. Son dos amigos que sobreviven al olvido.


                                      Miguel MORENO GONZÁLEZ



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martes, 18 de diciembre de 2018

cartas al blog...






DON QUIJOTE Y LA NAVIDAD



Sancho, amigo, bueno sería que las relaciones entre nosotros mismos y nuestros prójimos fueran amistosas en grado sumo. Algo así como si fuera Navidad de por vida. Y aunque hay cosas que se sienten mejor que se dicen, atrévome a sugerirte por escrito (por aquello de que la pluma es la lengua del alma), algunas premisas para entre todos intentar llevarlo a efecto.

      


“No olvides, apreciado Sancho, que cada uno de nosotros somos hijos de nuestras obras y por ende artífices de nuestra propia ventura, pero para impulsarla es imprescindible la libertad: Por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida.



       Ten en cuenta, ¡Oh Sancho!, que debemos respetarnos. A veces la mucha conversación que tenemos engendra desaires y hace que olvidemos que la abundancia de las cosas buenas que poseemos no se estime y, sin embargo, la carencia, aún de las malas, la estimamos en algo.



       Dígote también, querido Sancho, que hemos de desterrar la envidia de nuestros corazones; cualquier vicio trae un no se qué de deleite consigo, pero éste no trae sino disgustos, rencores y rabias. Antepongamos a ella la bondad que quebrante la mala ventura y haga que no se doble la vara de la justicia por el peso de la arrogancia, sino por el de la misericordia.



       Procuremos, hermano Sancho, hacer el bien sin esperar nada a cambio. Recuerda lo que dijo maese Cervantes: “¡Venturoso aquél a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede obligación de agradecérselo a otro que al mismo cielo!” Seamos pues, dóciles, vistiéndonos siempre de manera que parezcamos lo que queremos ser y no lo que queremos aparentar  mientras, de paso, hacemos gala de la humildad de nuestro linaje.




       Debemos, Sancho bueno, cuidar a las mujeres para que no desdeñen a quien las quiere y aprecien a quien las aborrece. Hemos de quererlas por la fama que tienen de bellas y discretas, si ellas  nos faltaran sería como si nos quitaran las niñas de nuestros ojos. Intuyo que juntándonos a ellas, que son buenas, quizá también lo seamos, no sin esfuerzo, nosotros.



       Observa, leal Sancho, que cuando hay amistad sincera lo demostramos con acciones y movimientos alegres y espontáneos que son fiel heraldo de lo que allá en el interior de nuestras almas pasa. Comprenderás entonces la mucha diferencia que hay entre las obras que se hacen por amor a las que se hacen por agradecimiento y por qué es la lengua la que habla de la abundancia del corazón.




       Quisiera Sancho, compañero, que sepamos disculpar a quien un día aparezca apesadumbrado. Suele acaecer que pensamientos y sucesos tristes pueden hacerle parecer descortés. Ayudémosle a recuperar con su alegría la nuestra, piensa que siempre deja la esperanza una puerta abierta en las desdichas.



       Seamos, dilecto Sancho, mesurados en el beber, en el comer y en el dormir; no olvides que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra, que la salud del cuerpo se fragua en la oficina del estómago y que aquél que no madruga con el sol no goza del día.




       Finalmente, admirado Sancho, sólo me resta desear que nuestra vida esté jalonada por hermosas fantasías y, añado, que el mal físico acabará conmigo pero no con mi agradecimiento y cariño hacia todos vosotros. Que el espíritu de la Navidad esté permanentemente en nuestros corazones haciéndonos unos locos cuerdos y entrañables”

                                                                                                                                  


                                                   Miguel MORENO GONZÁLEZ

jueves, 6 de diciembre de 2018

cartas al blog...



SE VA JOSÉ DE LA ARADA HERNÁNDEZ

                Llegó observador, tímido y tranquilo. Recuerdo su mirada noble y melancólica. Se sentó a mi lado silencioso y agachó la vista mirando el móvil. Algo desconocido me dijo de él que íbamos a sintonizar. En ocasiones le contaba sucedidos de este perturbador Ministerio de Exteriores y abría mucho los ojos escuchándome sorprendido. “Ya irás comprobando todo lo que te digo con el paso del tiempo.”  Una mañana pasó Pepe a saludarle y le animó: “Si tienes que arreglar tus cosas dedícate a ello, más adelante iremos viendo.” Estuvimos un rato hablando los tres y eso le agradó. Era verano y el sol invadía el despacho. Bajé el toldo y la luz tamizó de naranja la estancia. Su expresión agradeció el cambio.
            Después dialogamos mucho y comprobamos que el paisanaje castellano nos hermanaba, que la complicidad de los años estrechaba nuestra relación. Hablamos bien por la espalda el uno del otro y nadie osó jamás acercarse por separado a dejarnos caer alguna maledicencia. Los mediodías nos tomábamos un chocolatito y como también tenemos un sentido del humor similar, alegrábamos la espera con metáforas: Comparábamos el esperpento de la actual exEspaña con las historietas disparatadas que se nos ocurrían para satisfacción mutua y la de Sofía, que nos obsequiaba con su fino ingenio y su cercana amistad. Por ella supimos que las sonrisas son valiosas.

           Generamos un compañerismo de apetencia razonable, sin pretensiones disparatadas. Lo evidente no se exagera, se vive con agrado y se disfruta con moderación. Cuando alguien bueno se va, le echo de menos. Todos los compañeros que me encontré al llegar ya se jubilaron. Me quedé aislado y pobre, endeudado conmigo mismo, como dijo el poeta Horacio. Por eso, cuando llegó José de la Arada tuve la sensación, abrigué la esperanza, de que uno de ellos se había arrepentido y regresaba para pagar mi deuda y acompañarme hasta el final. 

            Vuelvo a quedarme solo. Como esa barca que aparece solitaria y varada en la playa. Pasas un día y la ves moviéndose al ritmo que le marcan las olas más pequeñas y mansas. Retornas tiempo después y reparas que sigue allí: encallada en su zozobra, desbaratada por el empuje del desamparo y la emoción. Y entonces imaginas que quizá forme parte de los restos de un gran naufragio, que alguien la olvidó adrede para recordar a la gente como nosotros. Y es que somos los restos emocionados del naufragio de nuestra vida. De todas las vidas nobles hundidas somos sus náufragos.
            Él, a Caracas se va. Yo, en Cadalso me quedo. Y a ambos nos seguirán alimentando esas nostalgias, esos recuerdos que nunca se lleva el tiempo.
                                                                                  

    Miguel MORENO GONZÁLEZ

viernes, 23 de noviembre de 2018

cartas al blog...


  UN TORERO CASTELLANO: 
 SANTIAGO MARTÍN, “EL VITI”


Usted ha sido el torero que mejor ha representado la idiosincrasia castellana: serio y sincero, responsable y digno, auténtico y sensible… Un artista castellano de pura cepa, callado, sin alharacas ni adornos superfluos. En definitiva, un castellano de raigambre. Y es que esta Castilla nuestra con tanta belleza desolada, con tantos sueños rotos, tan olvidada, tan sacrificada, tan seca de chaparros y tan madre de España, sigue siendo capaz de parir hijos ilustres como Santiago Martín, “El Viti”.

Usted tiene que saber que mis paisanos, muchos de ellos ya desaparecidos, como mi abuelo o mi padre, madrugaban en verano para, bajo un sol abrasador, hacer sus labores del campo y así llegar a tiempo a Cadalso a la hora de comer, para después ver en blanco y negro las corridas televisadas. Aquella era su deslumbrante seña de identidad, su irrenunciable filosofía tauro-cadalseña que los niños emulábamos jugando incansables al toro por las calles del pueblo. “El Viti” era uno de nuestros protagonistas principales junto a “Antoñete”, Puerta, Camino, Ostos, “El Cordobés”, Gregorio Sánchez, Joaquín Bernadó, Palomo Linares

Recuerdo que una vez en Sevilla le preguntaron por su seriedad en la plaza y usted respondió, lacónico y educado, con esa voz tan bonita que posee de locutor de radio: Es que el toreo es muy serio”. Y partió feliz como lo hacen los ruiseñores al anochecer mientras el periodista quedaba  meditabundo. Usted fue el torero castellano que con más fuerza y verdad triunfó en Sevilla, tan distinta a Salamanca. Su toreo solemne, clásico y auténtico, de color miel como las piedras de arenisca de las catedrales salmantinas, brillaba por doquier con esa maestría con la que a usted le brotaba incontenible. El pulso torero le late en las venas, por eso le es innato, maestro. Mil veces que naciera, mil veces nacería con el alma torera y siempre la tendría en el Olimpo Taurino. Una de aquellas tardes sevillanas, Alfonso Navalón Grande le escribió una crónica de una belleza crepuscular. Solamente el título ya emocionaba y daba que pensar: Una encina castellana en La Maestranza. En Madrid era idolatrado y es el torero que más veces ha abierto la Puerta Grande de Las Ventas: dieciséis, dos de ellas como novillero.


Fue a usted, maestro, al que más y mejor oí defender el toreo cuando lo prohibieron en Cataluña unos políticos blandos con las manos, duros con los sentimientos, cobardes con la verdad e indoctos con la historia catalana. Recuerdo que le escuché por la radio una madrugada apacible y lluviosa de domingo otoñal. Su voz, inconfundible y hermosa, sonó rotunda, segura, llena de amor por el toro, enriquecida con un castellano añejo, melódico y exquisito. Habló con valentía, con sinceridad y emocionado, con desgarradora y delicada forma se expresó usted, como lo hacen los apasionados cuando hablan de sus amorosas pasiones. “De bien nacido es ser agradecido”, decimos en Castilla. Yo estaba en la cama y sentí que se me ponía la carne de gallina y luego, escuchándole conmovido, ya no pude resistir más y lloré en mi soledad. Lloré por usted, por el toreo y por esa ciudad española en la que he residido y a la que tanto quiero y admiro: Barcelona. Y lloré porque nos iremos para siempre y sólo nos sobrevivirán sus naturales infinitos. Al fin, por mis paisanos de entonces y por mí lloré, porque algo muy nuestro nos arrancaban de cuajo del corazón.

En Santiago Martín, “El Viti”, se conjuga la verdad de la Tauromaquia y la de los más nobles valores humanos. Usted es torero, sí. Pero es también hombre de una pieza. Un castellano de recia estirpe e hidalgo abolengo que cuando acariciaba a los toros con sus muletazos templados e interminables, parecía llevarnos a todos en volandas desde la tierra al cielo. Y tan felices nos hacía con su arte, maestro, que, por momentos, nos transfiguraba en toreros celestiales. Y cuando palpábamos las nubes percibíamos que su magia nos hacía mejores personas y toreros inmortales. Como usted, maestro. Inmortales y buenos, como usted.



Miguel Moreno González   

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sábado, 13 de octubre de 2018

Un poco de Historia...



 
LUIS MARÍA DE BORBÓN Y VALLABRIGA





Luis María con 6 años, pintado por Goya



     Luis María de Borbón y Vallabriga, nació, sin rango especial alguno y apellidado Vallabriga de acuerdo con la Pragmática de su tío el rey Carlos III, el 22 de mayo de 1777 en el palacio de Villena (cuyos planos dibujó en su época Ventura Rodríguez) de Cadalso de los Vidrios, ahora provincia de Madrid y entonces provincia de Toledo, fue bautizado en la iglesia de Nuestra Sra. de la Asunción por el cura-párroco Don Francisco Antonio de Irigoyen. Era nieto de Felipe V e hijo del infante Luis Antonio de Borbón y de Doña María Teresa de Vallabriga. A su padre le correspondía la sucesión al trono tras la muerte de su hermano el rey Carlos III (en su época se impulsó las fábricas de vidrio cadalseñas, de ahí el apellido de Cadalso) pues el hijo de éste, el futuro Carlos IV, había nacido y se había educado fuera de España, con lo que se colocaba en la línea sucesoria detrás de su padre. Carlos III trató de primar a su hijo y a sus descendientes, por lo que promulgó la mencionada Pragmática mediante la cual eliminaba de la sucesión a todo infante que no se casara con persona de sangre real y no admitiendo el matrimonio del infante con ninguna princesa.



     Su padre, el infante Luis Antonio, muy inclinado a la belleza, primordialmente femenina, buen vividor y ya con 50 años y ante la perspectiva de quedarse soltero y sin descendencia, contrajo matrimonio morganático y quedó por tanto fuera de la línea sucesoria, perdiendo sus descendientes el derecho a llevar el apellido Borbón, según contemplaba la citada Pragmática. En 1775 se enamoró perdidamente de la hija de un  capitán de caballería aragonés, una joven de 17 años, muy guapa, María Teresa Vallabriga y Rozas, cuando la vio correr alegremente por el campo persiguiendo a una mariposa. A don Luis Antonio, que había formado colecciones relacionadas con la Historia Natural, esa semejanza de aficiones le impresionó grandemente y realizó el primer y único gesto de rebelión de su vida: se casó con ella en 1776, en Olías del Rey (Toledo), en contra del parecer de toda la parentela, encabezada por el soberano. Renunció al capelo cardenalicio por amor y por un deseo íntimo e inconfesable de huir de honores no conquistados, de fiestas no disfrutadas y de los deberes de la Corte. Después de la boda pasaron a residir al Palacio de Villena de Cadalso de los Vidrios, allí les nació su hijo Luis Maria. Los servidores del palacio trataron de modo altanero a los vecinos del pueblo (un incidente con la mujer de su maestro de caza) y éstos acabaron apedreando el palacio y forzando a la familia a buscar un nuevo emplazamiento (hay que ver como se las gastaban ya entonces nuestros queridos paisanos), optaron entonces por trasladarse en 1779 a Arenas de San Pedro (Ávila). Durante este periodo cultivó sus aficiones de coleccionista de libros y mariposas, sus gustos musicales y sobre todo su entusiasmo por la relojería. Vivieron rodeados de artistas de la talla de Boccherini, Ventura Rodríguez, Goya… Pensando en su esposa no quiso renunciar a la exquisitez de tener a su lado como compositor de cámara y violonchelista a Luigi Boccherini ni al placer de dejar una imagen verídica y viva de sí y su familia. No por vanidad, sino porque percibía que había algo en las almas y en las relaciones de sus familiares, allegados y servidores que era preciso recoger para transmitirlo a la posteridad, no como testimonio de glorias y honores, sino de humanos acuerdos y emotivos desgarramientos. Una alegoría de la vida, en suma, necesitada del espejo sincero de un pincel que no se fijase en las formas, sino en la verdad interior. Su amigo Floridablanca le recomendó en 1783 a un artista para la realización de un proyecto de cuadro de familia. Francisco de Goya intuyó en la mirada de Don Luís la fiebre de un temperamento intenso, cálido, apasionado; tamizado por la dulzura, la emoción, la turbación del amor, la equivalencia de los destinos humanos, la igualdad de los seres ante la muerte, la soledad y el miedo a la finitud de las cosas, rasgos que fueron captados de forma conmovedora en el retrato que dejó el insigne pintor.

      
Juramento de D. Luis Mª de Borbón Vallabriga de las cortes constituyentes en S.Fernando (Cádiz) el 24-09-1810, por José Casado del Alisal



Su padre muere el 7 de Agosto de 1785 y el rey Carlos III encomienda la educación de los hijos de su sobrino al arzobispo de Toledo. Luis María fue trasladado al palacio arzobispal y sus hermanas tomaron los hábitos en el monasterio cisterciense bernardas de Toledo, todo ello con objeto de evitar la descendencia de esta rama de la familia Borbón. Los jóvenes Vallabriga fueron creciendo lejos de su madre, que tardó siete años en volver a verlos. Luis María sintió desde muy joven inclinación por el estado sacerdotal. Fue educado por el culto cardenal Lorenzana y vivió alejado de la corte hasta que el matrimonio de su hermana, María Teresa, con Manuel Godoy vino a lanzar su carrera. Tras tomar las órdenes sacerdotales fue investido, en 1793, arcediano de Talavera, y al año siguiente fue autorizada su sucesión en el condado de Chinchón, titulo que cedió a su hermana María Teresa en 1795. Era un joven culto, educado y de espíritu liberal, pero de acentuado carácter sombrío, débil y melancólico; más parece el prototipo de algunos cadalseños actuales. Será consecuencia del agua, del propio pueblo o de ese aire que nos acerca y nos aleja de forma caprichosa por laderas, trochas, veredas, senderos, atajos y caminos reventados todos ellos de tristezas y ternuras que nos llevan entre recovecos a buscarnos a nosotros mismos.



     En 1797 la reina Maria Luisa de Parma, esposa de Carlos IV, deseosa de mantener al querido Manuel Godoy bajo su órbita y apartarlo de su amante oficial, Pepita Tudó, urdió la boda del favorito con la hermana de Luis María, María Teresa. Tras la boda, celebrada en El Escorial el 11 de septiembre de 1797, una lluvia de cargos y de honores comenzó a caer sobre los hermanos Vallabriga. El 4 de agosto de 1799 fueron elevados a grandes de España de primera clase, en marzo de 1800 Luis María fue nombrado arzobispo de Sevilla, en junio del mismo año les fueron reconocidos el uso del apellido Borbón y de las armas de la casa real, Luis María recibió la orden de Carlos III y su madre y hermanas la de la reina María Luisa y en diciembre Luis recibe la mitra toledana con sus ricas rentas, fue designado también Marqués de San Martín de la Vega y nombrado gran canciller de Castilla y consejero de estado.



     En octubre de 1800, a los 28 años, Luis María recibe de Roma el capelo cardenalicio, con el título de Santa María Della Scala, que ya había llevado su padre. Su ascensión es festejada en Toledo con mucha pompa. Toda la ciudad se engalana y Goya que había pintado por primera vez a Don Luis a la edad de seis años (este cuadro ha sido adquirido por el Gobierno de Aragón y restaurado recientemente en el Museo del Prado), vuelve a pintarlo cuando se pone la púrpura cardenalicia: hace la glorificación de un príncipe de la Iglesia. Copia de este cuadro se halla en la Iglesia de Cadalso de los Vidrios. Así mismo, según investigaciones efectuadas por nuestro paisano, J.L. Acuña, también en Cadahalso se programaron tres días de fiesta en 1801.




Luis Mª. de Borbón, retratado por Goya



El 17 de marzo de 1808 estalla el motín de Aranjuez que conduce al encarcelamiento de Godoy (cuñado de Luis María) y a la abdicación de Carlos IV (su primo y funesto rey). Su hermana María Teresa, ve la oportunidad de abandonar a su esposo Godoy tras muchos años de humillaciones, deja a su hija Carlota (a la que detesta) con los depuestos reyes y se traslada a Toledo junto a su hermano el Cardenal.



     El 2 de mayo de 1808 se inicia el alzamiento popular contra los franceses, el 10 de mayo Fernando VII (nefasto rey como su padre, ¡cuánto atrasaron a España elementos como éstos!) abdica a favor de Napoleón de forma humillante y se vio obligado a reconocer al rey José, hermano de Napoleón. Entre mayo y junio, sin autoridades legítimas, el pueblo asume el ejercicio de su soberanía mediante la creación de las Juntas Provinciales, que se ocuparon de dirigir y organizar la resistencia al invasor. En julio las tropas del general Castaños vencen en Bailén y en agosto recuperan Madrid, los franceses pierden en todos los frentes. El 25 de septiembre de 1808, delegados de las Juntas se reunieron en Aranjuez y decidieron asumir el poder, con el nombre de Junta Central Suprema y presidida por el conde de Floridablanca. En noviembre Napoleón llega al frente de un importante ejército y durante 1809 ocupa toda la península a excepción de Cádiz (protegida por la armada española y británica). Luís Maria y su hermana Maria Teresa huyen de Toledo a Andalucía con la comitiva de la Junta Central y toman parte activa en los acontecimientos liberales.



     A principios de 1810, ante los fracasos militares, la Junta Central convoca elecciones de diputados a unas nuevas cortes y se disuelve dejando un Consejo de Regencia constituido el 29 de enero y presidido por el obispo de Orense. El 24 de septiembre de 1810 se constituyen, en Cádiz, las nuevas cortes, donde tras la misa del Espíritu Santo oficiada por el cardenal Luis María de Borbón, la regencia le cedió, a las Cortes, el destino del país. Allí se dictaron numerosas leyes de corte liberal, Luis María firmó el histórico decreto de abolición del Tribunal de la Inquisición.






     Portada de la Constitución y abajo su promulgación el 19/03/1812, lienzo de Salvador Viniegra. Museo de las Cortes de Cádiz


El 19 de Marzo de 1812 las cortes aprueban la Constitución, en la que debería sustentarse toda la vida del país, empezando por el rey. El 7 de agosto de 1812, el obispo de Orense, presidente del Consejo de Regencia, se niega a acatarla y es expulsado del país. Luis María siendo el único miembro de la familia real en suelo español, fue reconocido regente del reino hasta el regreso de Fernando VII. Durante 1812 y 1813 las tropas francesas pierden prácticamente toda la península y el 11 de diciembre de 1813, Napoleón reconoce la pérdida de España y firma el tratado de Valençay con Fernando VII, reconociéndole como rey de España. El 6 de enero de 1814 se instaura en Madrid un Consejo de Regencia integrado por el cardenal Luis María de Borbón y dos generales. Las cortes, con mayoría conservadora, deciden reunirse en Madrid el 14 de enero de 1814, no aceptando el tratado de Valençay, ni a Fernando como rey hasta que jure la Constitución.



     El 24 de enero de 1814 Goya dirige a los regentes una instancia solicitando ayuda económica para “perpetuar, por medio del pincel, las más notables y heroicas hazañas contra el tirano de Europa”. Luis Maria de Borbón, a la sazón Regente del Reino, se la concede y así comienza la historia de dos de los más notables y famosos lienzos de Goya: el que representa el ataque de los mamelucos en la Puerta del Sol, conocido bajo el titulo de El Dos de Mayo y Los Fusilamientos del Tres de Mayo, con la representación de la matanza de la Moncloa.




Fusilamientos del Tres de Mayo 

Carga de los Mamelucos, por Goya

    

El 22 de marzo de 1814 Fernando VII retorna a España y desafiando las ordenes de la Regencia se trasladó a Valencia donde el 14 de abril recibe el apoyo armado del general Elio y un documento firmado por 70 diputados realistas, inmortalizado como “Manifiesto de los Persas”, recomendando la supresión de la Constitución.

    

“Señor: Era costumbre de los antiguos persas pasar cinco días de anarquía después del fallecimiento de su rey, a fin de que la experiencia de los asesinatos, robos y otras desgracias, les obligase a ser más fieles a su sucesor…”



       También acudió a Valencia el Primer Regente Luis María con instrucciones expresas de no rendir acatamiento al rey hasta que jurase la Constitución. Fernando le recibió en Puzol y, pese a la dilación del cardenal en aceptar la autoridad real, el soberano le exigió con gesto imperioso el besamanos, le obligó a acatarle como rey sin previas condiciones. Sólo con un ritual, sólo con una orden se enterró la labor de seis años.

    

“La mañana del 13 de mayo llega el impresentable Fernando VII a Madrid. Entra por la puerta de Atocha y se detiene en la de Alcalá, de los arcos cubiertos de rosas penden dos grandes cuadros de Goya, encargados por el regente Luis María de Borbón: el 2 de mayo en Madrid y los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío, el 3 de mayo de 1808. Se detiene el monarca a admirar las pinturas por un momento, luego continua el paseo triunfante, en su tétrica carroza negra.”



       El 4 de mayo de 1814 se dio el golpe de estado con que Fernando VII recuperó el poder absoluto. Días después detiene a la Regencia, excepto al cardenal Luis María (presentado como leal al rey, pero obligado a retirarse a Toledo y a renunciar al arzobispado de Sevilla y a sus rentas) y a 24 diputados liberales seguidas de las denuncias y detenciones de liberales y afrancesados, vuelve a instaurarse el Tribunal de la Inquisición y comienza la primera de las dramáticas emigraciones de carácter político que caracterizarán a España desde entonces. Con todo ello, de forma lamentable, se empezaba a perder en España uno de los numerosos trenes de la historia a los que hemos llegado tarde por culpa de unos incapaces de ver la realidad y atisbar el horizonte. Los principales culpables de esta ignominia fueron los reyes Carlos IV y Fernando VII, absolutistas y déspotas iletrados, con sus camarillas de sinvergüenzas y aduladores interesados. Aparentemente nuestro paisano, Luis María, fue una víctima propiciatoria de aquella situación tan penosa.



     Un gobierno tan inadecuado condujo a la proliferación de pronunciamientos y conspiraciones (Espoz y Mina el 25/09/1814, Porlier el 18/05/1815). Finalmente el teniente coronel Rafael Riego hace capitular el 7 de marzo de 1820 a Fernando VII, quien tuvo que jurar la Constitución de 1812. El 9 de marzo se constituye una Junta Provisional Consultiva, presidida por el cardenal Luis María que ya había publicado una pastoral favorable a la Constitución. Luis María fue, durante el trienio liberal, presidente de la Junta Provisional de Gobierno y consejero de estado. Su muerte en Madrid el 18 de marzo de 1823 le ahorró, seguramente, la represión y el castigo del rey tras la restauración del absolutismo. Unos meses después, el 7 de abril de 1823, entran en España los cien mil hijos de San Luis, mandados por el Duque de Angulema y enviados por la Santa Alianza: Francia, Prusia, Austria y Rusia, reponiendo el orden absolutista.



     Luis María de Borbón fue enterrado en la sacristía de la Catedral de Toledo, en un bello sepulcro neoclásico de alabastro, labrado en Roma en 1824 por Valeriano Salvatierra, Escultor de Cámara honorario por entonces.



     Y esta es una breve semblanza de nuestro paisano Luis María de Borbón y Vallabriga, al que se me antoja que quizá no se le ha dado en Cadalso la relevancia que por su trayectoria merece y que la historia de España sí parece reconocer y no olvida su delicada y comprometida labor en pos del incipiente, por entonces, liberalismo español. Unos cadalseños sensibles a su recuerdo crearon una “Asociación Cultural Luis María de Borbón” de efímera existencia. Su labor fue muy notable, altruista y entusiasta pero las circunstancias locales acabaron aburriendo a sus abnegados componentes. Sería interesante que iniciativas como la descrita surgieran de nuevo y tomaran un protagonismo que serviría de adecuado y necesario contrapeso a esa política tantas veces impermeable a la realidad.

                              





Palacio de Villena de Cadalso de los Vidrios (Madrid). Aquí nació Luis María de Borbón






Escudo de Luis María de Borbón y Vallabriga




Recopilado y adaptado por:
                                       Miguel MORENO GONZÁLEZ





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FUENTES: 
Los Borbones (Arlanza Ediciones).

Diversas páginas de Internet.

Libro Cadalso de los Vidrios, de Antonio Box Mª. Cospedal

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