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jueves, 21 de febrero de 2019

vamos de excursión...

Desde Cadalso lo tenemos muy cerca para pasar un día en la naturaleza del Valle...

Preferiblemente en verano para bañarte en sus piscinas naturales,  pero la primavera, los cerezos en flor o en otoño esta precioso el Valle....



Regado por el río que da nombre a la comarca, el Valle del Jerte esconde maravillas que, pese a competir en belleza con los cerezos en flor, se mantienen eclipsadas por la fiesta primaveral que pinta de blanco sus montes durante unos días. Precisamente porque no solo con cerezas se embellece el valle, revelamos –a través de una selección de sus mejores cascadas y gargantas– el segundo nombre de la región: el Valle del Agua.
Como la oferta de cascadas en el Valle del Jerte es amplia, decidir la ruta resulta más sencillo que estudiar cómo y cuándo. Proponemos un itinerario que atraviesa el valle desde Piornal hasta la localidad de Jerte, pasando por una selección de los puntos de agua más destacados. Antes de emprender el viaje, es importante meter las botas de montaña y el bañador en la maleta. Las primeras, por si se quiere disfrutar de los saltos más impresionantes, aunque también hay opciones para los que descartan recorrer los caminos; y el segundo, para los valientes que deseen combatir el calor en las pozas que forma el agua helada de las montañas.


Cascada de El Caozo, impresionante.

Llegando desde Ávila o desde Plasencia, la carretera nacional N-110 conecta algunos de los pueblos de la comarca; otros, sin embargo, hay que buscarlos recorriendo caminos rurales que serpentean osados entre los montes de Tras la Sierra, por un lado, y la Sierra de Tormantos, por el otro. El viajero se adentra de repente en un bosque dominado por los cerezos, pero también por robles, fresnos, sauces, encinas y castaños, entre otros muchos árboles. Y es esta floresta –por la que discurren gargantas, arroyos y fuentes que alimentan al río Jerte– el lugar perfecto para explorar los saltos de agua más caudalosos y altos de la región.
Una vez en la comarca, hay que tener en cuenta el momento del viaje. "La mejor época para visitar las cascadas es el otoño, el invierno y la primavera, porque luego en verano el caudal baja y algunas se quedan casi sin agua –como es el caso de la Cascada de la Desesperá o la del Manto de la Virgen–", según informa Esperanza Izquierdo, técnico de la Oficina Comarcal de Turismo.


  Miguel Ángel Moreno, un vendedor de la zona, coloca su puesto a la entrada de esta cascada, aunque solo lo hace en fechas señaladas, como Semana Santa o puentes importantes. Vende productos típicos de la tierra: mermelada de cereza, buen embutido casero o quesos, entre otros; y plantas de fresas, frambuesas y zarzamoras. "Durante la primavera, El Caozo aún arrastra agua del deshielo. Este invierno, llevaba tanta agua que no se podía subir a la pasarela y venía a visitarla hasta gente del pueblo", recuerda orgulloso mientras muestra un vídeo de la catarata furiosa que ahora se vierte mucho más tranquila sobre la garganta


Entre bosques y cascadas.

Entre la localidad de Valdastillas, donde las mujeres todavía conservan la costumbre de sacar la silla a la puerta para conversar con las vecinas, y el pueblo de Cabrero, la Cascada de Marta ofrece a sus visitantes otra perspectiva de su caída, ya que su pasarela está colocada para ser vista desde arriba. Desde ahí, es fácil secundar la advertencia de la Oficina de Turismo: "No apto para quienes sufren vértigo".
Subiendo a Las Nogaleras
En la zona, existen dos travesías siguiendo el curso de dos gargantas que ofrecen varios saltos a lo largo de su recorrido: la de La Puria y la de Las Nogaleras. Las dos cuentan con una versión corta y otra extensa de la caminata. Si se carece de tiempo y uno se ve obligado a elegir un recorrido, Las Nogaleras sería la elección correcta, ya que por algo también recibe el nombre de la Ruta de las Cascadas.  En esta excursión, si el visitante lo desea, pueden concurrir senderismo, baño, barranquismo y recesos en plena naturaleza con el agua como auténtica protagonista.



El Jerte también es para aventureros.

En la localidad de Navaconcejo existe un aparcamiento habilitado para los visitantes que se acercan a Las Nogaleras. El recorrido largo –de unos seis kilómetros– permite disfrutar de siete cascadas; el corto, de cuatro kilómetros, abarca cuatro saltos, que tampoco está nada mal, especialmente si se realiza con niños o personas mayores, para los que puede resultar más difícil hacer frente al último tramo. La subida, que sigue el curso del agua a través de la montaña, es empinada; a ratos, pedregosa y a ratos, terrosa. Y pese a que los desniveles más pronunciados están bien señalizados con barandillas de madera o cuerda, la ladera resulta en algunas partes vertiginosa.
Sin embargo, las familias con niños son una constante a lo largo de Las Nogaleras. Puede deberse en gran parte a que casi todo el trayecto se hace bajo la bóveda que han ido formando las copas de los árboles que envuelven el camino y la existencia de fuentes naturales durante el ascenso. Pero lo más probable es que, una vez alcanzada la primera parada del camino –una cascada de varios metros de altura que cae blanca y casi vertical sobre la roca pulida de granito–, cualquiera se anime a continuar descubriendo cómo el torrente adopta formas imposibles para brincar encajado sobre las piedras o cómo se calma de repente en una poza cristalina para invitar a nadar al que sueñe con un descanso, como ocurre en el Charco del Paraíso, segunda parada en la Garganta de Las Nogaleras, donde en verano los que la visitan aprovechan para refrescarse.


Los niños disfrutan del entorno como nadie.

Otros excursionistas solo suben la sierra ondulante para desafiar algunos saltos de agua haciendo barranquismo. En la región se puede realizar este deporte de aventura en los barrancos de otras dos gargantas: Los Hoyos y Los Papúos. La bajada de Las Nogaleras puede hacerse por un camino alternativo: una pista medio asfaltada que resulta más cómoda y con las vistas de las colinas inundadas de cerezos y, al fondo, la Sierra de Gredos con sus picos nevados. Avanzada la primavera, la lavanda, el brezo o la retama estallan en el paisaje del monte impidiendo que el valle se lamente por la desaparición de las efímeras flores del cerezo.
Un chapuzón en el infierno
Dejando atrás Navaconcejo, ubicada entre Cabezuela del Valle y Jerte se encuentra la joya de la corona del Valle del Agua: la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos. Tanto si uno desea seguir viendo cataratas como buscar un lugar propicio para el baño, pasear entre bosques o disfrutar de un entorno natural en la sierra, hay infinidad de rutas que pueden realizarse en este espacio protegido.


Los caminos son aptos para todos.

Sin embargo, una de las más populares por su impresionante belleza y por la promesa de un chapuzón al final del trayecto es la de Los Pilones, una imponente sucesión de trece piscinas naturales formadas en el granito. Para llegar hasta esta formación natural, que también recibe el nombre de Marmitas de Gigante por su disposición y apariencia, hay que caminar aproximadamente seis kilómetros –ida y vuelta– en un recorrido de escasa dificultad. Si se visita antes del verano, desde el mirador que se encuentra en el sendero se puede disfrutar de otra de las grandes cascadas del valle: el Manto de la Virgen.
Si aún quedas con ganas de más agua, hay otras gargantas en la comarca a las que acercarse como Los Buitres, De San Pedro, De Marta, Las Rayuelas, Los Sotillos, Tornadero, La Serrá, San Martín, entre otras muchas y abundantes piscinas naturales. Para comer o descansar, los pueblos del Jerte resultan sabrosos para lo uno y acogedores –con su arquitectura típica– para lo o



Los Pilones, uno de los baños más populares de la zona.

Después de unos días explorando el Valle del Agua, uno entiende el resumen que hace Esperanza Izquierdo, técnico de la Oficina de Turismo, sobre el Jerte: "Cerezos en flor puede haber en muchos sitios pero nosotros tenemos la ventaja de que nuestros cerezos florecen en un paraíso lleno de gargantas, ríos y montañas. La desventaja es que media España quiere venir durante los diez días de la floración. Lo bueno es que poco a poco, el que llega va conociendo el valle y luego quiere volver para disfrutar de otras muchas cosas, como los ríos o las piscinas naturales para bañarse en verano o venir en otoño a hacer senderismo cuando todo esto está precioso"...

Una bonita excursión desde Cadalso
 para pasar un gran día...

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martes, 10 de julio de 2018

una bonita excursión desde Cadalso...

 Tengo unos estupendos vecinos que son naturales de Garganta la Olla (Cáceres)  y como cada año , acaban de traerme una caja de cerezas de la zona porque aunque se encuentra entre los famosos pueblos de la zona de la Vera parece que lo tenemos tan cerca del Valle del Jerte y sus famosos cerezos y también de nuestro querido Valle del Tietar.., en cualquier caso estamos a tiro de piedra para madrugar un día desde Cadalso y hacer un recorrido por este bonito municipio y sus encantadores pueblos que conforman la Comarca de la Vera y
por eso os paso este artículo titulado Caricias de Gredos...

CARICIA DE GREDOS...

La comarca de la Vera (Sierra de Gredos)

La comarca de La Vera, en el nordeste de Cáceres, está perfectamente delimitada al norte por la muralla granítica de la sierra de Gredos y al sur por el errante río Tiétar.

Personalidad única
La C-501 es, junto con el curso del río Tiétar, la arteria vital por donde corre la riqueza de la comarca. Y por ella habrá que ir para entrar y recorrer su alargada y abrupta geografía, fácil de seguir, pues sólo hay que dejarse llevar por los carteles de los pueblos, mayoritariamente apellidados de la Vera. Administrativamente hablando, la comarca comienza a oriente en Madrigal de la Vera, primera villa extremeña por este lado. Pero la Vera comienza más al este, aún en tierras de Ávila, concretamente en el pueblo de Candeleda. El paisaje, la cultura, el acento, incluso la forma de ganarse la vida y de comer, son mucho más tolerantes y funcionales que las decisiones políticas, y ya en Candeleda se encuentran muchos de los elementos que forman la personalidad verata (excepto, quizás, la arquitectura tradicional, sacrificada en este pueblo en aras del turismo estacional).

A partir de aquí comienzan a precipitarse desde la sierra, a mano derecha en el sentido de la marcha, las gargantas, que así se llaman en la comarca a los ríos que bajan directamente de Gredos, con sus característicos lechos de grandes cantos rodado: de Santa María, de Alardos, Gualtamino... a tramos regulares las abruptas gargantas recuerdan la fiereza del deshielo que en años de nieve supera los puentes tendidos. El suelo montaraz, donde no está despejado o cubierto de retamas, entre las que asoman delatores los grandes peñascos de granito, se cubre a rodales por pinares de repoblación, y sobre todo, del tradicional rebollar.

De tramo en tramo, aparecen aislados bosquetes de castaños, otrora más abundantes, y algunas moreras que recuerdan el boyante negocio de cría de gusanos de seda que hubo en algunos pueblos de la comarca hasta el siglo XVIII. Y a izquierda, como si la carretera tajara dos paisajes radicalmente distintos, la feraz llanura fluvial dedicada mayoritariamente al cultivo del tabaco y del pimiento pimentero, los dos puntales económicos de La Vera (y también paisajísticos, tanto por los colores que aportan como por los secaderos –edificios de ladrillo donde se seca el tabaco– que salpican aquí y allá los campos), pero con sitio para las huertas familiares donde todo crece con rapidez gracias a la fecundidad del suelo verato y de la siempre presente agua que corre por él.

Fieles a la tradición

A tenor de los castros celtas, los puentes medievales (tenidos aquí por romanos), las calzadas romanas (esas sí), los palacios y edificios señoriales, los castillos y las iglesias que hay por doquier, la pujanza de la comarca no es cosa de este siglo, si bien, a ella contribuyera en gran medida la introducción en 1912 del tabaco como cultivo experimental, un intento que a la larga ha monopolizado la mayor parte de las fértiles tierras del llano, con los evidentes riesgos que los monocultivos conllevan. Resulta curioso que el pimiento, el otro cultivo rey de la comarca introducido en el siglo XV, también sea de origen americano. Como curiosa es la historia del pimentón, descubierto como especia de forma accidental en el siglo XVIII, y hoy imprescindible en las cocinas españolas.

El retiro del emperador


Los pueblos de la comarca han tenido el acierto de acomodarse a los nuevos tiempos sin perder su personalidad ni competir con el paisaje que las rodea. Los veratos tratan con mimo sus tradiciones (de ello dan fe sus festejos) y sus casas, haciendo que el turismo urbano sea inexcusable para el viajero que se acerca hasta aquí. Son pueblos que, como decía un viajero, «sólo pueden caminarse», es decir, dejando el coche fuera. Es especialmente recomendable visitar estos pueblos a comienzos de la primavera, cuando florecen (o más bien explotan) los cientos de tiestos con geranios y hortensias que adornan los tradicionales balcones de madera corridos. El elevado número de pueblos declarados conjuntos históricos artísticos que hay en la comarca no es gratuito: 


 Garganta la Olla...

Garganta de la Olla, Cuacos de Yuste, Pasarón de la Vera, Valverde y Villanueva de la Vera tienen todos ellos esta categoría.

Es difícil, en suma, encontrar en otro lugar de España tanta historia y tanta arquitectura como se condensa en los poco más de 830 km2 de la comarca de La Vera...

Aquí abajo os dejo un artículo referente a la visita de uno de sus pueblos donde además tengo buenos amigos y os recomiendo esta excursión desde Cadalso...


 Visitando Garganta la Olla...

 Situado al norte de la provincia de Cáceres, en la Comarca de La Vera, Garganta la Olla es uno de los pueblos más bonitos y mejor conservados de la zona. Su encanto reside en la mezcla de paisajes y zonas naturales , de historia y de arquitectura tradicional perfectamente conservada. Precisamente por estas tres cosas está declarado Conjunto de Interés Histórico-Artístico.

Nosotros partimos desde Navalmoral de la Mata,pasando por Jaraiz de la Vera. Al llegar a Garganta la Olla dejamos el coche a la entrada del pueblo para continuar a pie perdiéndonos por sus rincones.
Lo primero que nos encontramos fue la Ermita del Santísimo Cristo del Humilladero, construida en el s.XVI.

Ermita del Santísimo Cristo del Humilladero
Ermita del Santísimo Cristo del Humilladero (como el nuestro de Cadalso)
Casa de las Muñecas
Seguimos avanzando por la Calle Chorrillo en la que pudimos ver la Casa de Postas, utilizada durante la época de Carlos V para alojar a los viajeros y la Casa de las Muñecas,con su fachada azul. Fue un prostíbulo utilizado por el séquito de Carlos V cuando se alojaba en Yuste, de ahí que se pintara de un color diferente, para que se supiera lo que era. Como curiosidad, se llama así porque en el arco de la puerta hay tallada una muñeca.

Edificios Plaza del AyuntamientoSeguimos andando por la calle admirando la arquitectura tan típica de la zona de la Vera y llegamos a la Plaza del Ayuntamiento en la que se puede ver el típico pilón que hay en todos los pueblos de la Comarca de la Vera y la Casa Parroquial.

Reja Casa Parroquial

De aquí seguimos andando hasta que llegamos a unas escaleras que van a dar a la Iglesia Parroquial de San Lorenzo , que data del siglo XVI. Podemos destacar de esta iglesia la torre y el órgano barroco de su interior.

Iglesia Parroquial de San Lorenzo
Desde la Parroquia de San Lorenzo nos pusimos a callejear sin rumbo descubriendo los rincones de Garganta la Olla y haciendo mil fotografías hasta que llegamos de nuevo a la plaza del Ayuntamiento y vimos un cartes de Puente Romano, asi que allí que nos dirigimos. Está a menos de 5 minutos del Ayuntamiento y es un puente romano sobre la Garganta Mayo

Puente Romano sobre la Garganta Mayor
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Una vez visto ésto nos dirigimos al coche para ir a la zona de las piletillas y ollas que forma la Garganta Mayor, un espectáculo de la naturaleza que os va a sorprender si pensáis que Extremadura es árida y seca. Se puede dejar el coche en los merenderos que hay y adentrarse un poco en la Garganta para ver todo un despliegue de vegetación, cascadas de agua, piedras y piscinas naturales. 


Mejor os pongo imágenes...

Cementerio Alemán Cuacos de YusteDespués de un agradable paseo volvemos al coche y ponemos rumbo al Monasterio de Yuste y el Cementerio Alemán de Yuste. Un poquito más alante hay un mirador, en el que está la estatua de La Serrana de la Vera, en el que hay unas vistas muy bonitas del pueblo.
Cementerio Alemán Cuacos de YusteAl llegar al Monasterio de Yuste había muchísima gente y como ya lo conocíamos, fuimos directamente al Cementerio Alemán de Yuste, en el que hay soldados alemanes tanto de la I Guerra Mundial como de la II.
Desde Cuacos nos desplazamos a Jarandilla de la Vera a comer, una muy buena opción para pasar la tarde y volver a casa o para seguir con el recorrido por la Comarca de la Vera, eso según los días de los que dispongáis.

 ¿Qué os ha parecido? ¿Conocíais ésta zona? Yo os recomiendo que la visitéis en cualquier época del año, en cada una de ellas merece la pena...

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Y ahora una leyenda de la zona...

Una extraña monja pasea por Garganta la Olla...

Cuenta la leyenda que un pastor llamado José, se encontraba cuidando de su rebaño en la finca “La Casilla”, cerca de la localidad de Garganta la Olla.
Era una tarde de otoño y como ya sabemos, las nubes pueden descargar en cualquier momento. José confió en que el cielo de diera una tregua para regresar a Garganta, pero no tuvo suerte y de repente comenzó a llover con mucha fuerza, mientras el viento le empujaba a contracorriente. El pastor, después de encerrar a las cabras, corrió a refugiarse en la cabaña. Encendió una lumbre y dejó que la noche y la tempestad pasaran.
Un murmullo del exterior le llamó la atención a José. Abrió la puerta y al fondo, en medio de la oscuridad vio cómo un grupo de monjas murmuraban entre ellas. Una de ellas se acercó y entró dentro de la cabaña sin decir nada. José le preguntó a dónde iba y qué quería, pero la monja no contestaba. Aun así, el pastor la invitó a sentarse y acercarse a la lumbre para entrar en calor. Su cara estaba cubierta por una capucha, no podía verle la cara.

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