Publicado el 01 junio 2020. por A21
- Se encontró muerta en Cenicientos a la hembra en plena crianza y los huevos finalmente se malograron.
Al hablar del Suroeste de la Comunidad
de Madrid, de la comarca Sierra Oeste y en términos de diversidad y
riqueza naturales, encontramos un paradigma, un estandarte natural que
atribuye a la misma ser un lugar preferente con presencia de águila
imperial ibérica (Aquila adalberti), incluso en los peores momentos en
los que se temió por su desaparición y extinción en décadas pasadas. En
aquellos momentos tan delicados, en los que esta especie endémica de la
Península Ibérica apenas contaba con 150 parejas reproductoras
repartidas entre España y Portugal, nuestra comarca albergaba alrededor
de una decena de parejas en los montes de Robledo de Chavela, Villa del
Prado, Pelayos de la Presa, Cadalso de los Vidrios, Cenicientos, San
Martín de Valdeigleisas y algunos más. Era un hecho envidiable disponer
de un tesoro como esta emblemática especie.
De aquellas 150 parejas se ha pasado hoy en día, y tras un ambicioso
plan de protección y respeto de la población a una no despreciable
cantidad de 500 parejas reproductoras, que hacen posible ser optimistas
en cuanto a su recuperación total.
Imagen del anillamiento ...
Ya no existen en la Comunidad de Madrid únicamente en nuestra comarca,
sino que se han extendido por toda la región, incluso en zonas de la
Sierra Norte madrileña. Gran trabajo del que nos podemos felicitar
todos.
Especie carnívora por excelencia acostumbraba a anidar en las zonas de
comida, si bien fue cambiando hábitos y en muchos casos buscan los nidos
en zonas de refugio natural para desde allí lanzarse a los comederos a
varios kilómetros de distancia. Es el caso de las imperiales de
Cenicientos que expondremos en este artículo.
Carnívora, sí, pero a su vez un tanto necrófaga, esto es comer carne de
especies muertas, lo que añade un peligro añadido: las muertes por
envenenamiento. Añadimos otro peligro que causa muchas bajas en la
población de estas aves: las electrocuciones en tendidos eléctricos.
Además, los ejemplares jóvenes tienen costumbre de realizar vuelos y
desplazamientos al país vecino del sur, Marruecos, donde las muertes por
electrocución son más numerosas, aparte de la caza ilegal denunciada
por profesionales del país en cuestión.
Aun así, y sin bajar la guardia, la población parece recuperarse.
Corría la década de los años 90 cuando en el término de Cenicientos, en
el entorno del Encinar de la Parra, se encontró una hembra muerta en el
nido arropando a sus polluelos, también muertos por envenenamiento. Un
hecho desesperanzador y ruin coincidiendo con las horas más bajas de la
población de imperiales.
Entrados en la siguiente década y milenio, a principios de los años dos
mil, una nueva pareja de estas aves se instaló en un lugar poco
accesible a modo de refugio en la zona de las Peñas de Cenicientos. Su
comida la obtenían dejándose caer en vuelo hacia tierras bajas de la
vecina provincia de Toledo. Sucedió que el macho desapareció
repentinamente (nunca se supo el por qué), pero como un instinto de
supervivencia un nuevo macho, muy joven ocupó su lugar y ese mismo año
(2001) consiguieron sacar un polluelo.
Aquello significó una oportunidad de incalculable valor por el lugar
estratégico para comunicar poblaciones del Valle del Tiétar con
Extremadura y diversificar la especie. Curioso cómo en el término de
Cenicientos existía una antena de comunicaciones de televisión
igualmente muy importante para comunicar con el sur y suroeste
peninsular. Algo similar ocurría con la imperial. Consecuentemente
estábamos ante una oportunidad que había que proteger y se vigilaba el
nido diariamente con aporte, incluso de comida a la pareja.
Imagen del anillamiento y puesta de transmisores para el seguimiento de la malograda hembra de águila imperial de Cenicientos.
Tal era el celo de unos y otros al igual que el secretismo para proteger
el nido, que este que escribe, y aún sin trabajar en la zona, tomó la
matrícula de una vieja furgoneta que frecuentaba en la zona bajo la
sospecha de un posible peligro para el nido. Mi sorpresa fue que
igualmente el dueño de la furgoneta me tomó a mí la matricula… ¿Quién
era? El vigilante designado para vigilar el nido. Muchas risas y
chascarrillos acerca del tema cuando nos descubrimos el uno al otro.
Desde entonces, amigos.
Al año siguiente, el macho, joven y sin experiencia, reaccionó
desmesuradamente en las artes amatorias, y no paraba de llevar palos al
nido. El resultado es que las puestas ya no eran solo de un polluelo,
sino varios.
Durante estos prácticamente 20 años, muchas y variadas anécdotas y
situaciones de peligro se han venido sucediendo. Han soportado calores,
nieves, granizadas, el ir y venir de helicópteros en incendios encima de
sus cabezas, hecho, que tal vez, les hiciera no espantarse del terrible
incendio que asoló el verano pasado la zona y del que consiguieron
salvarse. Ni las llamas, ni el humo ni la frenética actividad durante y después del incendio pudieron con la pareja...
El águila imperial de Cenicientos, muerta.
Veinte años no es nada, decía la canción, 20 años de fidelidad al nido,
20 de años empatizando con esta pareja que, finalmente, se han visto
truncados por una posible electrocución. La envergadura de estas aves
puede llegar hasta 220 cms. con una longitud de hasta 83 cms. Esa
envergadura hace de conexión entre dos cables de alta tensión y todo se
acabó.
Se encontró muerta a la hembra en plena crianza. Es muy importante y
vital reaccionar a tiempo y comunicar a las autoridades competentes el
hallazgo de fatales desenlaces puesto que en este caso y dado que se
encontró el cadáver varios días después, se hubieran podido salvar los
huevos que finalmente se malograron.
Veinte años no son nada pero están cargados de una vivencia única. A día
de hoy sobrevuelan el nido nuevos inquilinos que ya no podrán criar
este año, pero sí el que viene. Despedimos a nuestra amiga a sabiendas
de lo que ha contribuido para recuperar una especie que hoy en día
parece gozar de mejor salud...
Gracias amiga.
Emilio Paci