martes, 4 de abril de 2017

cartas al blog...



 
BARCELONA



Hice el campamento del Servicio Militar en San Clemente de Sasebas (Gerona), situado a veinte kilómetros de la frontera con Francia. Después me destinaron a un cuartel de caballería en Barcelona, concretamente en el barrio de Hospitalet de Llobregat (cerca del metro de Santa Eulalia), justo en la carretera con dirección a Cornellá.
Enfrente había un almacén de algo relacionado con el petróleo donde trabajaba el hermano de Don Manolo, maestro y paisano cadalseño, que muy amablemente pasó un día que estaba yo de guardia a saludarme y ofrecerme cualquier cosa que necesitara. Desde entonces Barcelona se convirtió en mi ciudad favorita. Uno siempre está por volver a los sitios donde se sintió feliz y bien tratado, pero iban pasando los años y no encontraba ocasión de retornar.




     Por fin, el pasado agosto decidí que no transcurriría más tiempo sin volver para rendir tributo a esa época tan bonita pasada en esa ciudad maravillosa. Una mañana cogimos Paloma y servidor el AVE en Atocha y en tres horas estábamos en la estación de Sants. Allí mismo habíamos reservado un hotel. En Recepción recibimos un sms de nuestra amiga cadalseña: “¡Feliz estancia! Te guardo también el gallito de este año. ¡Qué arte tiene esta mujer! Dejamos el equipaje y salimos raudos al reencuentro de la ciudad.
Anduvimos unos pocos metros y apareció ante nosotros la Plaza de España con su plaza de toros de Las Arenas cruelmente convertida en un esperpéntico centro comercial (ya sabéis que estos centros se distinguen por ser mucho más cultos que los recintos toreros). Lo pasé mal cuando la visitamos y vimos que sólo habían respetado la fachada. Allí asistí al último festejo taurino que se celebró sobre su arena. Le trasladaron desde La Monumental porque ese domingo estaba ocupada por un mitin político. Parecida desilusión recibí al visitar en domingo la solitaria y abandonada Monumental. Los dictadores separatistas hacen
todo lo posible por trocar la cosmopolita expresión de esta urbe en algo insolidario y retrógrado. No lo conseguirán. Barcelona, Cataluña en general, es muchísimo más que sus bastardas y hueras pretensiones. Y lo comprobarán en el futuro en su demagogo y ruin ego. Todo mi desprecio hacia esas posturas reduccionistas e interesadas. No me gusta ese tipo de gente extremista, inculta (inventan historias apócrifas)y taimada. Sobran, junto a quienes les dan alas, en mi pequeño mundo de afectos.




     Bajamos por el Paralelo hacia Atarazanas, Colón y el Puerto y nos encaminamos Ramblas arriba hasta la Plaza de Cataluña. ¡Esta si es mi Barcelona! Nadie me la podrá arrancar de mis amores más íntimos y sinceros. Hace cien años efectuaba parecida ruta. Salía del cuartel y tomaba un autobús hasta el metro de Santa Eulalia. Allí cogía la línea 1, roja, hasta Plaza de Cataluña donde me bajaba y me complacía en recorrer toda aquella zona, con especial dedicación a Las Ramblas, Barrio Gótico, Plaza Real
Entraba en alguna de sus típicas tabernas y me tomaba un bocadillo con “pan amb tomat” y todo me atrapaba con una sencilla aura placentera. Desde el primer instante quise imbuirme en sus costumbres y su cultura y he de decir que jamás tropecé con ningún indeseable converso e intransigente (creo que no abundaban tanto como en época reciente).




     Torné a subir con mi mujer a Montjuich (aquí presencié una etapa de la Vuelta a España 1977) y hoy nos impresionan el Estadio y las Piscinas Olímpicas. Otra mañana nos encaramamos al Tibidabo (la primera vez que estuve ascendí en funicular y me encontré con el Teniente del CIR, al que saludé marcialmente),
allí admiramos el perfecto diseño, la proporcionada simetría de esta deslumbrante metrópoli. Una calurosa tarde marchamos al encuentro de mi antiguo Cuartel. Leí por Internet que había desaparecido engullido por pisos (no ponía nada de si eran producto de la burbuja inmobiliaria”…), me apetecía sobremanera visitar la zona en la que viví un año y medio inolvidable. Gracias a la amabilidad de las personas a las que preguntamos (seguí sin encontrarme gente desatenta o mal educada) llegamos, con ligerísimos contratiempos, al lugar. No lo encontré muy cambiado.
Divisamos unas obras y rápido comprobé que estaban dentro de “mi cuartel”. La preciosa puerta de hierro forjado aparecía casi intacta. Miré el lugar donde estaba el timbre que pulsábamos para formar la guardia y recibir al Teniente-Coronel Espejo y…
¡milagro!, allí estaba. Me emocioné. Se me humedeció la mirada que clavé durante unos instantes en aquel espacio. Quedé paralizado, ido, transpuesto, dominado por  sensaciones muy nuevas provocadas por recuerdos viejos. Es todo tan fugaz en esta vida, tan inaprensible, tan efímero… que cuando me reencuentro con la belleza de lo vivido me parece que nunca pasará. Los bancos de madera donde me sentaba a leer el vespertino Tele/Express no estaban; sí, en cambio, seguía la nave de los dormitorios, las caballerizas, las oficinas, la cantina… En la cantina, el Capitán Barrón me dijo, una tranquila tarde septembrina de güisqui White Horse y confidencias, que haría “la vista gorda” si me iba a las Fiestas de Cadalso incumpliendo el arresto de una semana que me había impuesto el Capitán Duque por haberse encontrado a un soldado dormido en su garita una noche que yo era “Suboficial de Guardia”.



Hice fotos a mi pasado querido acompañado en mi presente por Paloma que -siempre amorosa y comprensiva- sabía el momento tan especial que estaba disfrutando. Al partir oímos el toque de oración del turuta” Gisbert abriéndose paso entre los viejos árboles del paseo principal del cuartel. La guardia está en perfecta formación a las órdenes del Suboficial de Guardia. De la Comandancia cercana sale el brigada Ortega que saluda respetuosamente a la bandera.




     En aquel entonces conocí a Rafael Molina Luengo por mediación de “Cuqui” y Fernando González García. Hombre de bien, persona extraordinaria, trabajaba en una agencia de viajes (Pullmantur, Gran Vía, 658). Él, las tardes de domingo, me “metía” sonriente (siempre sonreía con su lacio pelo largo) en el autobús turístico y nos íbamos a los toros a la Monumental; por esa época era la plaza española -y mundial- que más toros daba cada temporada (y ahora nos vienen con éstas…). A la salida seguíamos ruta a la Sala de Fiestas Scala que entonces estaba de moda en la calle Consejo de Ciento (curiosamente una atardecida de este viaje pasamos por esta calle y compramos unos dulces). Rememoro que Rafael conoció conmigo a la que luego sería su mujer, Pepi, y siete años después su “ex”. La conocimos una tarde que quedamos con ella y su amiga -también se llamaba Pepi-para tomar algo por las tascas del Puerto. Una noche cenamos los cuatro en un chiringuito de madera de Castelldefels, era un lugar precioso y apacible frente al mar, desde donde se vislumbraban las luces de los barquitos de los pescadores. Rafa y las dos Pepis jugaban risueños a los dardos y yo miraba a través de una ventana el mar (como cuenta la canción de Jorge Sepúlveda) mientras, en esta ocasión, se escuchaba “Lucia”, de Serrat.




     El 27 de octubre de 1977 fui a recibir a Tarradellas, Presidente de la Generalitat en el exilio francés, a la Plaza de España y desde allí, entre miles de barceloneses, le acompañamos hasta la plaza de San Jaime (¡Ja sóc aquí!). Quedé fascinado por aquel recibimiento y por la forma apasionada que tenían los catalanes de amar y de defender sus costumbres que nunca observé que fueran separadoras, sino más bien integradoras en sus diferencias. Para explicármelo pensé que eso era parecido a defender la cultura propia (o posible lengua) de mi pueblo. ¿No iba yo a defenderla, reivindicarla y sentirme orgulloso de ello? Aquello me hizo comprender la cuestión y situar en su justo término todo aquello. Es una pena que los castellanos nunca hayamos tenido ni ganas, ni fuerzas, ni amor propio para defender lo nuestro como ellos lo hacen. Y tenemos muchísimos motivos, porque, al cabo, en gran medida fuimos nosotros los que luchamos por una España unida y diversa. Pero bueno, dejemos esto porque una vez más puedo errar.




     Paradojas de la vida, en el hotel Expo presidía nuestra habitación el cuadro de un torero, seguramente que los separatistas (nazionalistas) no recabaron en tal detalle o nunca se habrá hospedado alguno de ellos en este hotel para remediar tamaña ofensa. Una tarde fuimos a las fiestas del barrio de Sants. Como en casi todos los lugares de España animaba el lugar una orquesta latina interpretando piezas de toda la vida. Entramos en una cervecería artesanal,
Homo Sibaris, Plaza de Osca, 4 y el responsable de la misma, maestro cervecero, nos ilustró sobre la cerveza durante un rato agradable en el que disfrutamos libando y escuchando sus enseñanzas. También estuvimos en las fiestas del castizo barrio de Gracia. Graciosamente adornan cada calle y de entre ellas eligen la más bonita. Este año ganó la calle Verdi que la habían disfrazado como si de un poblado del Oeste Americano se tratara. Tomamos cervezas en las barras de “quita-y-pon” que colocan en las calles y allí compramos unas camisetas recuerdo de las Fiestas. El camarero, joven, de ascendencia andaluza, ensayaba el manido discurso que suele transmitirles el poder establecido desde su más tierna e ingenua infancia. Le dije algo quijotesco parecido a eso de: “Llaneza muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala” y cesó en sus peroratas victimistas. Y es que hay cosas que me desconciertan en este país. La mayor es la de querer separar cientos de años de historia en común en beneficio de unos pocos inventando una delirante y disparatada historia que suele tener fácil acomodo en esta sociedad poco docta en Historia de España y en otras. Es mi parecer.




     En sólo cuatro días viví el mayor porcentaje de emociones de mi vida. Fui consciente de ello al sentarnos en un banco de la Plaza de Cataluña, bajo un frondoso árbol que nos aliviaba del sol. Cerca, en la Ronda de Universidad, vi un atardecer de febrero de 1977 la película Retrato de Familia, que me impactó entonces gratamente, la dirigía Antonio Giménez-Rico y contaba entre sus protagonistas con Miguel Bosé. Optamos por seguir “pateando” las calles. En la Avenida Puerta del Ángel compramos un par de libros: uno de historia (para mi) y otro de ficción histórica y romántica (para Paloma). En una frutería de la calle Ferrán, barrio gótico, el noi nos lavó unas piezas de fruta a ruego de la encargada que se lo pidió mezclando, con total naturalidad, el catalán y el castellano. Me encantan estas situaciones porque me hacen familiarizarme con el idioma, así se lo hago ver a mi mujer que asiente convencida.



     Tomamos el metro en Liceo (anuncian Wagner para septiembre) y nos apeamos en la estación de Tarragona, a pocos metros del hotel. Subimos a la terraza del mismo y entre unas vistas espectaculares de la ciudad nos refrescamos en su piscina. Nos duchamos y volvimos a la cafetería de la terraza. Allí comimos, merendamos y cenamos, todo a la vez, mientras la brisa mediterránea nos reconfortaba entre un horizonte de neones y recuerdos. Abajo, vemos pasar ciclistas por los carriles que están perfectamente delimitados en casi todas las calles. Es de noche y relucen los pilotos de las bicis como si fuera Navidad. Nos apoyamos en la barandilla y observando aquel paisaje juego a recorrer mentalmente mis paseos de hace cien años. Aparezco solitario caminando vestido de militar e ilusiones.



Paloma me recuerda que una vez quedé con ella en Sol nada más aterrizar procedente de Barcelona, dice que aparecí con un abrigo marrón claro muy bonito (me lo regaló mi tía Vale) pero ajustadísimo, engordé mucho en la mili. 
Tiempo después, ya licenciado, le comenté en una discoteca de la Gran Vía madrileña que nuestro primer hijo se llamaría M.M.M. y la segunda, añadió ella, B.M.M. Se cumplieron al pie de la letra ambos vaticinios. Torna a preguntarme cosas de aquella etapa mientras acaricia mi mano sobre la barandilla. La vida es absurda, medito, llegará un día en que todas mis cosas desaparecerán y siento pena por ellas. Mi mujer ¡siempre! y el brigada Ortega en la mili, también han sido buenos conmigo. Mañana nos vamos a Cadalso y nadie sabe de las emociones que pululan ahora por mi cabeza. Distingo a lo lejos la silenciosa playa de Barcino por la que, una jornada ya muy lejana, galopó con enamorado desamparo Don Quijote.



                                     Miguel MORENO GONZÁLEZ

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para los peques...

En Semana Santa
para los pequeños de Cadalso 
habrá LUDOTECA...


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ya estamos en abril...




El refranero dice que abril es el mes de la primavera. Los campos y los jardines se llenan de flores. Los días se alargan y anochece cada vez más tarde. Conforme suben las temperaturas llegan las primeras aves migratorias y aparecen insectos y reptiles (lagartijas, camaleones). El canto del cuco en los bosques, a primeros de abril, y la vuelta de las golondrinas certifican la llegada de la primavera. Abril es muy inestable desde el punto de vista climático, alternándose días despejados y soleados con otros lluviosos y fríos con heladas nocturnas. Por esto, para los agricultores, abril es un mes peligroso. En las últimas semanas de abril puede haber una subida de temperaturas que se conoce con el nombre de «veranillo de las lilas y el cuco».
Por cierto que el campo en Cadalso  se pone precioso estos dias con la explosión de vida animal y vegetal que se produce en abril...

Y estos serían parte de los refranes para este mes que comenzamos ahora :



Abril a los campos hace reír.
Sol de abril, abre la mano y déjalo ir.
Abril, abril….de cien en cien años debieras venir.
Cuando abril abrilea, bien luce la primavera.
Mes de abril; agua poca y nubes mil.
Todas las aguas de abril, caben en un candil.
En abril, cada gota vale por mil.
En abril, corta un cardo y te nacerán mil.
La abeja y la oveja, en abril dejan la pelleja.
Un abril del todo bueno, los antepasados no lo conocieron.
Abril, el de los charquitos mil.
Abril es lluvioso y señoril.

Que por cierto... no siempre se cumplen...¡ 

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domingo, 2 de abril de 2017

motos por Cadalso...


 IMAGENES DE LA
 VII KEDADA MOTERA HOY
 EN CADALSO

 BUEN DÍA
BUEN AMBIENTE 
CASI
 400 MOTOS































ENHORABUENA AL 
MOTO CLUB SOPLONES...

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