jueves, 14 de diciembre de 2017

Actividades para estos dias...




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Goya...

Coincidiendo con la próxima entrega de 
los Premios Goya de Cine  le hacemos 
 este  pequeño  homenaje 
 al  Gran  Francisco  de  Goya...
 cartel del año 1946

Francisco de Goya vertió todos sus demonios sobre el papel en su serie de los Caprichos de Goya. Sátiras de aguatinta que criticaban los vicios de la nobleza, el clero y el pueblo llano en un estilo que rozó lo fantástico. Esa serie de 80 grabados, que apenas vio la luz en su época por el temor del pintor a la Santa Inquisición, es fuente de inspiración para el Museo Nacional del Prado en su cuenta atrás hacia sus dos siglos de existencia.
 Este es uno de esos  80 grabados, su propio autorretrato en la serie de los Caprichos - MUSEO DEL PRADO...

 Y este es mi homenaje que le pinte con plumilla en el año 1978 y que tengo con cariño enmarcado en mi salón...
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miércoles, 13 de diciembre de 2017

otro año mas...



Esta Navidad nuevamente , se vuelven a oír las Zambombas por Madrid con este pasacalles tan especial que recorrerá las calles de la capital el próximo 17 de diciembre... 


Rondallas y cuadrillas tradicionales de distintas localidades de la Comunidad de Madrid y provincias colindantes entre las que se encuentra DE CASTA SOPLONA DE CADALSO , se reunen,  para atronar la Villa como es costumbre con motivo de la llegada de la Navidad...
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curiosidades que desconocía...

En este artículo que habla del amor a la lumbre dan a conocer lo que son unas trébedes y no son lo que creo que muchos pensamos...

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Al amor de la lumbre...


Trébede sobre la lumbre...




























Ahora que llegan los fríos, como apetece estar sentado cerca de una buena lumbre, contemplando como arde la leña o como saltan chispas del fuego.
Esta lumbre antiguamente estaba situada en el eje del hogar: “la cocina”.
La cocina era el centro de la casa ya que en ella además de hacerse las comidas, era el único sitio que se disponía de calor continuo, por eso era el lugar donde se hacía la vida.
En la cocina estaba la hornacha o lumbre baja, atizada con leña, sobre la cual se asentaba la trébede. La trébede era un espacio o poyata grande, construida sobre la hornacha que calentaba la cocina y servía para sentarse y hasta tumbarse al calor. También se denomina trébede a la parrilla de hierro redonda con tres patas que se usa para poner sobre ella los pucheros y guisar en la boca de la hornacha. Más tarde vinieron las cocinas económicas también conocidas como bilbaínas alimentadas por leña y carbón.

Cocina bilbaina

Calentador
Para calentar las demás estancias de las casas, sobre todo las habitaciones, se utilizaban utensilios que transportaban el foco calórico a dichos puntos. Por ejemplo los calentadores de latón, formados por un recipiente donde se colocaban las brasas de la lumbre y un largo mango de madera, que eran pasados por las sábanas de la cama.

Destinados a calentar la habitación o la sala en general estaban los braseros y calderetas.

   Pero donde todo relato, real o imaginado o ambas cosas a la vez, tomaba más visos de misterio era al calor de la lumbre en las largar tardesnoches de invierno con muchas horas de ocio y pocas diversiones en las que afloraba toda la historia oral, todas las creencias, todas las supersticiones, en el pequeño semicírculo del escaso metro cuadrado que rodeaba a las chimeneas. Los entresijos de las historias con el rubor de la llama se hacían más enigmáticos, adquirían mayor dramatismo y más emoción.
Y en la cocina al amor de la lumbre, tenían lugar las reuniones nocturnas después de la cena. En animada velada con la familia y los vecinos, se cantaban romances y coplas, se contaban cuentos que pasaban de padres a hijos y se hacía un repaso de todos los acontecimientos de la comarca. Mientras en el exterior, el frio y los primeros copos de nieve, anunciaban un duro invierno...
    Hoy, las chimeneas, donde las hay, han quedado relegada a un rincón de la casa, algunas, incluso, con la lumbre cautiva tras un cristal para que no resten brillo al televisor, artefacto esencial para la magia del siglo XXI y cuyo semicírculo de más metros cuadrados, la gente sigue otras historias, otras leyendas, otros ritos, dicen que más reales, pero más lejanos y menos constructivos. 
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lunes, 11 de diciembre de 2017

faltan dos semanas para Navidad...



Aquellas Navidades...


Las Navidades de mi infancia comenzaban de verdad la mañana maravillosa del "Día del Gallito" cadalseño y luego se precipitaban ya irremisiblemente a la Nochebuena con la mañana alegre del día de la Lotería, los niños de San Ildefonso cantando números por la radio desde muy temprano, la esperanza y la emoción en todos. Y terminaban -las Navidades y un poco de uno mismo- cuando te acostabas, acompañado del juguete que más te había gustado, la noche de Reyes.


En medio, belenes con verde musgo que habíamos arrancado cuidadosamente de las piedras del valle y que nuestra madre -papa estaba trabajando- nos ayudaba a colocar con gran satisfacción en el nacimiento: pastorcillos, lavanderas, el hombre que hacía las gachas, los soldados de Herodes, el castillo, el río con papel de plata o con espejos, el pueblecito colgado de la montaña y todo ello iluminado con unas lucecitas que le daban como un aspecto de milagrosa aparición nocturna.
 En fin, qué os voy a contar..
Las Navidades, ahora de mayor, siempre te pillan a traición. De niño, no. Los niños de entonces, los chicos de la era de las katiuskas, soñábamos con la Navidad durante mucho tiempo casi desde que se acababa el verano...
Sabíamos que en Navidad todo marchaba mejor. Los maestros estaban de buen humor y eran generosos dejándonos un par de días inolvidables, de esos de no hacer nada, hasta que nos daban las notas. Aquellos días nos leían cuentos, historias y la leyenda esa de Bécquer: "Maese Pérez el organista"; hacíamos concursos de villancicos, de habilidades ventrílocuas, -Teodoro "Gallina" imitaba de locura a los animales-, y al final Don Enrique o Don Eugenio nos contaban fascinantes tradiciones del pueblo. Los padres también estaban más contentos y nos dejaban más tiempo para jugar en la calle. Y en el pueblo había mucha más alegría en las personas, a pesar del frío. Un frío que era, sin paliativos, el mayor espectáculo de entonces, "?y ya sabes cuando salgas a la calle no olvides ponerte la bufanda". Nunca soporté bien las bufandas, pero a todas horas estaban con aquella cantinela. Nosotros los niños, "que si me da el aguinaldo": una perra chica, gorda, dos reales con agujerito en el centro; hasta daban aguinaldo a la tía Felipa, la pobre de los jueves, a la que nunca dejaban que te acercases porque tosía de mala manera, por lo visto tenía algo del pecho. Sin embargo, recuerdo que las cestas de Navidad sólo las veíamos en los tebeos, en los extras de Navidad de "Pulgarcito" y "Tío Vivo".

La magia de la cena de Nochebuena o la emoción del fin de año, cuando la radio decía que ya estaba a punto de caer la bola en el reloj de Gobernación, esa magia, digo, en el fondo te dejaba como vacío, triste, con una extraña sensación de nostalgia. Un minuto, qué un minuto, unos segundos y ya estabas en otro año. Parecía increíble. Todos se abrazaban y se besaban, y te besaban y te abrazaban a ti, y se empeñaban en que bailaras el pasodoble "Suspiros de España" que sonaba en el Marconi rojo después de las campanadas de medianoche
(años antes era mi abuelo el que con el almirez simulaba las campanadas del reloj); pero a uno le daba todo vergüenza, sentías un pudor indefinible. Año Nuevo. Todo por pasar. El corazón te latía con fuerza. Y salías disparado para arrancar la primera hoja del calendario colgado en la pared de la cocina de "Las Casetas". Ya era 1.965. Es curioso, pero ese día de Año Nuevo, cuando ya era de noche, te producía la sensación de pensar en el año anterior como si hubiera existido hacía mucho tiempo, como si no hubiese sido real, como si lo hubiéramos soñado.


Lo  más  bonito de las Navidades era pensar en ellas. La Navidad, es obvio, tiene algo especial. Nunca he podido descubrir todo su misterio , y saber donde se encuentra su magia. Creo que es algo que va más allá de la unidad familiar, de los buenos deseos en todos los corazones, de los regalos, del "Madre en la puerta hay un niño" o de las vacaciones.

 La magia, el hechizo de la Navidad sé que es mucho más profundo. Yo siempre sentía -y siento- como un temblor desconocido en mi línea de flotación. La Navidad es como una quinta estación que nunca aparece -ni aparecerá- en los calendarios, pero que todos llevamos por dentro. A lo mejor, resulta que la Navidad es sencillamente, nuestra infancia.

Según vamos siendo más mayores, esa quinta estación cada vez nos coge más desprevenidos. De pronto, aparece un anuncio en la tele y te deja perplejo. Suele ser el de un champán que te desnuda en silencio por dentro mientras lo paladeas... Todo ha durado veinte segundos. Pero ya es Navidad en estéreo, en Internet, en el teléfono móvil? Veinte segundos y tus paisajes -externos e internos- han cambiado de repente. Y te das cuenta de que nadie nunca va a poder explicarte el significado de esa tristeza, de esa soledad que te atrapa. No es porque en cada casa falta alguien, que falta. No. Es que el que falta de verdad eres tú. No sé de dónde. Pero faltas.

Esas noches de Nochebuena, Nochevieja y Reyes yo quería acostarme tarde, no acostarme, descubrir a los Magos y la magia de la Navidad que seguro tenían que aparecer de noche y tras la Peña Muñana, y ver amanecer conmovedoramente a través de mi ventana mientras oía: 
"Los peces en el río; ande, ande, la marimorena; los campanilleros; la Nochebuena se viene,
la Nochebuena se va..." Se escuchaban zambombas, panderetas, rascaban con un cubierto la botella de anís El Mono, de la que algunos se ponían "moraos". Y seguía haciendo mucho frío. Todos llevaban gorras y bufandas. Y eso era todo. Estaba helando. En casa hacía calor, todas las luces estaban encendidas. Esas noches no importaba nada. Y luego mi padre me acostaba. Con mucho cariño me arropaba, me traía los tebeos que contaban historietas de Navidad y casi nunca me daba un beso. "Papa", -así llamaba yo a mi padre, sin acento, que me sonaba cursi con él-. "¿Qué?", me preguntó con sus ojos llenos de melancolía y sus labios como queriendo albergar una discreta sonrisa. "¿Siempre es así la Navidad?". "No siempre es así, ya lo comprobarás tú mismo dentro de unos años". Vaya si lo comprobé, por eso todas las Navidades me pasa lo mismo. Y no falla ninguna. Si acaso voy fallando yo.


(Inspirado en las películas de Garci, en las que siempre aparecen junto a sus Navidades, las mías.)


Miguel MORENO GONZALEZ


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de Casta Soplona y sus villancicos...

nuevamente nos invitan a su IV TARANTÁN
lugar:Nuestra Iglesia

día: 23 de Diciembre

hora: a las 20,00 hrs. 

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